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3x16 PUNTO DE INFLEXIÓN


Melinda hizo un esfuerzo por subir la cremallera de su vestido corto de satén rojo y se miró al espejo. La evidencia de su estado comenzaba a ser difícil de ocultar en su vientre, así que quería disfrutar una última vez de aquella prenda, al menos hasta dentro de un tiempo. Se puso de lado, admirando la curva que empezaba a nacer en su silueta, acariciándola sobre el suave satén, y sonrió. No podía entender cómo había podido dudar de sus sentimientos, de sus emociones. Podía sentir como ahí dentro crecía con fuerza una vida, una personita a la que aún no había podido conocer, pero que sin embargo ya amaba con todo su ser. 
Parpadeó un segundo, y entonces le pareció como si el espejo temblara, como si fuera líquido. Extrañada, se acercó lentamente y tocó la superficie con un dedo. No percibía nada extraño en su superficie, pero al alejar la mano el espejo comenzó a estirarse, como si fuese de goma.
WYATT: (golpeando en el marco) ¿Ya estás lista?
MELINDA: Ugh… ¡Wyatt! (repuso sorprendida) ¿Has visto…?
WYATT: ¿Si he visto qué?
Melinda le señaló el espejo, pero cuando se dispuso a mirarlo estaba en perfectas condiciones, como si nada le hubiese sucedido. Melinda se quedó boquiabierta, sin saber qué contestar a continuación.
WYATT: No te preocupes, seguro que es sólo un poco de agotamiento por tanto desequilibrio hormonal. No te sobreexijas con el embarazo, recuerda que hay una personita creciendo en tu interior.
MELINDA: ¿Que hay qué? ¿Sabes lo del embarazo?
WYATT: Em… claro. (repuso extrañado) Nahia está embarazada, recuerda que fui yo quien te lo dijo.
MELINDA: ¿Pero cómo sabes que yo…? ¿Cómo sabes que estoy embarazada?
WYATT: ¡Fui yo quien te lo contó! Nahia está embarazada de La Fuente no nacida, ¿no te acuerdas? ¿Qué te pasa, Mel?
MELINDA: Uuuy… Esto es muy raro.
Melinda desvió la mirada un momento, contrariada. Con el rabillo del ojo pudo comprobar que el espejo volvía a vibrar como si fuese líquido.
WYATT: (golpeando en el marco) ¿Ya estás lista?
MELINDA: ¿Otra vez?
WYATT: Oh, perdona. No quería importunarte, es que no creo que debas hacerle esperar.
MELINDA: ¿Esperar? ¿A quién?
WYATT: A tu cita.
MELINDA: ¿Mi cita? ¿Tengo una cita?
Melinda miró extrañada a Wyatt, mientras este soplaba por una varilla, soltando pompas de jabón de varios colores. Agachó la mirada un segundo y se percató del vestido rojo que llevaba.
MELINDA: ¡Ah, la cita! ¿Sabes dónde están mis sandalias de tacón rojas?
WYATT: Las llevas puestas.
MELINDA: (confusa) No Wyatt, estoy descalza.
WYATT: Entonces no las necesitas.
Wyatt sopló de nuevo, soltando una ráfaga de pompas negras. Entonces se bebió el vasito de agua jabonosa y soltó un pequeño eructo, haciendo que de su boca saliesen pompas de jabón con luces blancas en su interior.
MELINDA: Bueno, si tú lo dices… Voy a terminar de maquillarme.
Melinda rodeó a su hermano y salió al pasillo. Al dirigirse hacia el baño, pudo ver a Alice colgando de la pared, ensartada mediante una barra que se clavaba en su frente y le atravesaba la cabeza, y comiéndose un cucurucho de helado de pistacho, sabor al que era alérgica.
MELINDA: ¡Alice! ¿Qué te ha pasado?
ALICE: ¡Hola Mel! Ahora soy un retrato postmodernista.
MELINDA: ¿Quién te ha hecho eso? ¿No te duele esa barra?
ALICE: ¿Qué barra?
MELINDA: ¡La que tienes clavada en la cabeza, joder!
ALICE: ¿Tengo una barra?
WYATT: Se la pusieron a los quince años. Creo que es una de esas modas raras…
Alice dirigió la mirada a Wyatt, lo poco que le permitía girar la cabeza aquella barra, y entonces comenzó a reírse de forma descontrolada. La sangre de su cabeza empezó a mezclarse con el helado, formando un extraño color.
????: ¡Mel! ¡Mel noooo! (gritó alguien muy a lo lejos)
MELINDA: ¿Habéis oído eso? Creo que alguien me llama…
Wyatt volvió a eructar, pero esta vez las pompas se convirtieron en plumas de pollo al contacto con el aire.
ALICE: Muy cierto, Wyatt.
MELINDA: (asqueada) Esto cada vez es más raro…
Melinda se alejó, caminando de espaldas, hasta que alcanzó la puerta del baño. Sin dejar de mirar cómo Alice seguía riéndose como una loca y cómo Wyatt eructaba más y más pompas de jabón, ella alcanzó el pomo con sus dedos, abrió la puerta y se deslizó dentro.
MAITRE: Bienvenida a La Tête Agité, señorita. ¿Tiene reserva?
MELINDA: ¿Cómo? (soltó sorprendida)
Melinda se giró y vió el vestíbulo del restaurante al que iba a cenar. Volvió a abrir la puerta de nuevo, y Alice la saludó sonriente, pero entonces la bola de su cucurucho cayó al suelo y comenzó a llorar. Melinda cerró la puerta de golpe, pero la volvió a abrir con cuidado para asegurarse, encontrándose en esta ocasión a varios coches circulando por la calle.
MAITRE: Señorita, este restaurante sólo admite clientes con reserva previa.
MELINDA: Yo… No lo entiendo. Estaba en… y ahora estoy aquí… (respondió entre divagaciones)
MAITRE: ¿Tiene una reserva, señorita? (insistió sonriente, manteniendo su exquisita educación)
MELINDA: No… no lo sé. ¿Tengo una reserva? Tengo la cabeza hecha un lío… ¿Halliwell, puede ser?
MAITRE: ¡Oh sí! Halliwell, reserva para dos a las 8:15. Por aquí, señorita.
MELINDA: Es señora, creo… (repuso dudosa)
MAITRE: Oh, discúlpeme entonces.
El maitre le mostró el camino con la mano, y entonces acompañó a Melinda hasta una mesa en el centro de la sala, elevada respecto a las demás en un escalón de alrededor de medio metro. El maitre apartó un poco la silla para que se pudiese sentar. Mientras Melinda se colocaba la servilleta en el regazo, notó cómo el resto de comensales abandonaban sus conversaciones y sus platos para dirigir su atención sobre la chica de la mesa elevada.
MELINDA: ¿De verdad es esta mi mesa? Todo el mundo me está mirando… (dijo avergonzada)
MAITRE: Tranquila, desde aquí nadie podrá verla.
Melinda le dirigió un breve gesto de desdén, pero entonces ahogó un grito al darse cuenta de que la gente que le rodeaba no tenía ojos. Era como si su frente se extendiese hasta donde debían haber estado sus cuencas oculares.
MAITRE: ¿Desea la carta de vinos?
MELINDA: ¡Cualquiera de alta graduación me valdrá! ¡Y rápido! (respondió nerviosa)
MAITRE: Le recomiendo un Latour del 77. ¿Qué clase de licor querrá su bebé? (preguntó señalando su estómago)
MELINDA: Agua mineral con burbujas para los dos. Y una ración extra de “váyase a tomar por culo”, antes de que me den ganas de hacerle una vasectomía con la cucharilla de postre. (respondió furiosa, aunque manteniendo la compostura y sonriendo falsamente)
El maitre se alejó extrañamente despreocupado, mientras Melinda hacía como si ojease el menú. Toda esa atención de aquellos comensales sin ojos la estaban poniendo nerviosa. Se sirvió con rapidez un vaso de agua, derramando gran parte sobre el mantel, y se puso a beber descontrolada mientras un desfile de trompetas invisible, similar a los usados en el medievo para anunciar la llegada del monarca, sonaba. Melinda miró a su alrededor, sin encontrar el origen de aquella melodía, pero entonces los comensales se levantaron y se arrodillaron en el suelo, mientras por el pasillo de entrada al salón llegaba una figura vestida con una toga negra que sostenía en su brazo izquierdo una guadaña.
MELINDA: ¡Joder! ¿Pero qué coño es esto? (susurró nerviosa)
Melinda sabía que tenía que hacer algo, cualquier cosa, pero era incapaz de reaccionar. Y sin embargo, aquella figura que parecía ser la misma Parca se aproximaba sin remedio, como deslizándose por el aire. La benjamina de Piper agarró con temor el cuchillo para carne, consciente de que como arma era prácticamente inútil. La silla de enfrente se separó mágicamente de la mesa, y aquella extraña figura a-lo-Parca se sentó.
????: Doce abominaciones llaman al decimotercero primigenio.
MELINDA: Vaaale, cuando parecía que no podía ser más raro todo, me sales con esas…
????: Perdona, deja que me quite la túnica para que me oigas mejor…
La extraña figura dejó su guadaña con cuidado sobre la mesa, y lentamente fue levantándose la negra túnica hasta revelar su rostro. Era Jared.
MELINDA: ¿Jar? ¡¿Pero se puede saber qué puñetas haces disfrazado de satanista?!
JARED: (sorprendido por la pregunta) ¿Qué? ¡Hace frío!
MELINDA: ¡Pues ponte un jersey, pedazo de hortera! Me has dado un susto de muerte…
JARED: Ella me dijo que esto era lo que debía llevar, lo más apropiado para mí…
MELINDA: Oh, ella… ¿Una de tus zorritas, puede ser? (inquirió enfadada)
JARED: No sé quién es, y ni siquiera sé su nombre… Bueno, sí lo sé, pero ese nombre tendría tanto sentido como cualquier otro.
MELINDA: Deja que lo adivine… ¡¿ Furcia Barata?!
JARED: Mel, estás dramatizando. Te recuerdo que fuiste tú quien me dijo que me marchase.
MELINDA: ¿Y qué? ¿Te lo pasas en grande con tu nueva putilla? Mira… ¿sabes qué? Prefiero no saberlo.
JARED: Esta conversación es irrelevante.
MELINDA: ¿Eh? ¡Irrelevante tu culo!
Melinda agarró el plato sopero y se lo lanzó a la cabeza a Jared. Este giró la cabeza a un lado, esquivando el lanzamiento del plato, que se estrelló contra el suelo. Décimas de segundo después, las esquirlas de porcelana se unificaron de nuevo y el plato sopero regresó volando de nuevo sobre el plato llano de Melinda.
MELINDA: ¡¿Pero se puede saber qué puñetas estás haciendo?! ¡No nos está permitido hacer magia en público! (susurró entre enfadada y sorprendida)
JARED: No he sido yo. Este espacio funciona de forma diferente.
MELINDA: ¿Espacio? ¿Qué está pasando aquí? ¡Contéstame, te lo exijo!
Jared agachó la mirada unos segundos, como si hubiese perdido momentáneamente la consciencia, y volvió a levantar la cabeza con una sonrisa lastimera en su rostro.
JARED: Oh, Mel… Perdona por llegar tarde. Parece ser que mi padre ha decidido a última hora salir a una cita misteriosa, así que me ha tocado esperar a la nueva asistenta para darle una copia de las llaves.
MELINDA: Esto… es muy raro.
JARED: ¿Eh? Oh… ya, lo sé. Nunca antes habíamos tenido una cita tú y yo, así que esto resulta un poco raro. Pero la psicóloga nos aconsejó que lo probáramos, para intentar reconectar de nuevo.
MELINDA: Ah, sí. La psicóloga.
JARED: ¿Sabes? Tengo una idea. Finjamos que somos unos desconocidos, y veamos cómo evoluciona todo a partir de ahí. (le ofreció su mano) Hola, soy Jared Bradford. ¿Y tú?
MELINDA: Jar, esto es un poco estúpido.
JARED: Anda, inténtalo. No perdemos nada por probar. (insistió agitando la mano)
MELINDA: Vale, está bien. (le estrechó la mano) Soy Melinda Halliwell.
Jared sonrió, y se sirvió un vaso de agua. Melinda empezó a mirar a todos lados, desubicada.
MELINDA: Bien, ¿y ahora qué?
JARED: Ahora charlamos de nuestros miedos, alegrías e inquietudes, y bebemos un poco de vino sin alcohol. Puede que incluso comamos langosta.
MELINDA: Langosta, ¿eh?
JARED: Claro. Tengamos una cita.
Melinda comenzó a reírse de forma descontrolada, mientras Jared parecía confuso. Todos los comensales volvieron a dirigir su atención a ambos.
JARED: ¿He dicho algo gracioso?
MELINDA: Perdona, es que después de todo lo que hemos pasado juntos… ¿una cita? ¿Cómo podemos ignorarlo todo y fingir como si esta fuese la primera vez que nos vemos?
JARED: Entiendo lo que dices. Arrastramos mucho equipaje entre los dos…
MELINDA: Exacto. Y no sé cómo podemos hacer de repente como si nada hubiese pasado…
JARED: Mel… no, no es eso. No podemos ignorar nuestro pasado. De hecho, no querría aunque pudiese. Ha habido cosas malas, pero también cosas maravillosas. Jamás querría negar lo que tuvimos. 
MELINDA: Yo tampoco, pero no puedo evitar pensar que es posible que todo lo bueno no llegue a compensar lo malo…
JARED: (sonriendo) Eres una persona escéptica, y eso es algo que adoro.
MELINDA: Y tú siempre has tenido las cosas claras.
JARED: Sí. Cuando sé que quiero algo, me cuesta rendirme. Soy incapaz. Reconozco que después de todo lo que ha pasado, llegue a dudar por un momento sobre lo nuestro, pero cuando te vi entre los brazos de aquel tío…
MELINDA: (interrumpiéndole) ¡Espera! Era una criatura vil y mentirosa que me había nublado el juicio…
JARED: Ya, lo sé. Pero lo único en lo que pude pensar fue en que no quería que nadie más te abrazara excepto yo, no si aún podía hacer algo para recuperarte.
MELINDA: Oh, vaya… Yo…
JARED: ¿Ocurre algo malo?
Melinda se llevó la mano a la sien, algo aturdida.
MELINDA: No… No sé. Es que creo que estoy algo cansada. Hoy ha sido un día de locos, y han sucedido muchas cosas en las que pensar.
JARED: Quizá deberías echarte un rato y descansar.

MELINDA: ¡Oh, no! Tampoco quiero cortar esto a medias…
JARED: No estará a medias. Digamos… que es una pausa. (respondió abrigándose de nuevo con la túnica negra) Déjame que te arrope.
MELINDA: ¿Qué me arropes?
Melinda no entendía aquello, pero al mirar un segundo atrás pudo ver que no estaba sentada sobre su silla, sino sobre una cama. Volvió a mirar a Jared, que ya tenía el rostro cubierto de nuevo por la capucha, y éste le hizo una señal para que se recostara. 
Sin mucho convencimiento aceptó, metiéndose entre las sábanas, y Jared, completamente cubierto por la túnica, se acercó y arropó con cuidado el cuerpo de Melinda. Ella estaba preocupada por la atención incesante de los cotillas comensales sin ojos, pero al mirar a su alrededor se fijó en que estaba nuevamente en su habitación. ¿O acaso no había salido de ella siquiera? ¿Era todo un sueño disparatado?
JARED: (susurrándola al oído) Ella es la respuesta.
Jared palmeó dos veces, y las luces se apagaron. La oscuridad que se hizo era total, pero entonces comenzó a filtrarse la luz del día por la ventana. Poco a poco, eso sí, pero a una velocidad mucho mayor que la del amanecer natural. Melinda abrió los ojos lentamente, sorprendida por el paso del tiempo tan súbito que había sucedido, y entonces se asustó al ver la figura que a lo lejos le observaba, sorbiendo sonoramente de un batido de fresa.
PHOEBE: ¿Te encuentras bien, Mel? Nunca te había visto dormir hasta tan tarde. Patty y Henry habían apostado que encontraríamos tu cadáver devorado por archiotracians en la cama…
MELINDA: Esto es muy raro…
Melinda se enjuagó la boca tras lavarse los dientes y escupió en el lavabo. Cogió el cepillo, dispuesta a arreglar los escasos enredos que su aparentemente breve periodo de sueño le habían dejado, y se sorprendió al descubrir que su reflejo no se vislumbraba en el espejo. Sin embargo, sí que podía ver el del cepillo, como si flotara fantasmagóricamente en el aire.
MELINDA: ¿Pero qué puñetas…?
Melinda tiró el cepillo sobre el lavabo y salió corriendo por las escaleras, rumbo a la cocina. Wyatt estaba haciendo la secreta receta Halliwell de tortitas (donde el ingrediente secreto no era amor, sino bourbon), mientras la familia al completo, a excepción de Chris, comía en la mesa, concentrado cada uno absolutamente en su plato y sin ningún tipo de conversación, algo raro entre ellos.
PATRICIA: Mierda, no está muerta… (repuso apenada)
MELINDA: ¡Soy invisible! ¡He perdido mi reflejo en el espejo!
PRUE: ¿Quién apostó por la noche salvaje de alcohol?
La extraña figura del fondo vestida con una enorme sudadera gris que impedía que se le viese el rostro levantó tímidamente la mano.
MELINDA: ¡¿Pero cómo os atrevéis a hacer apuestas sobre mi estado físico?! (replicó anonadada)
ALICE: Mel, no deberías beber en tu estado…
HENRY: Agh, Alice… ¡Quítate esa maldita barra de la cabeza de una vez! Me está dando grima verte el cerebro…
MELINDA: ¡Eh! ¡Que no estoy borracha! ¿Y qué pasa aquí, que de repente todo el mundo parece haber descubierto que estoy embarazada sin que yo diga absolutamente nada?
La figura de la enorme sudadera cogió un áthame del cajón y pasó junto a Melinda, provocándole un horrible escalofrío.
RACHEL: Mel, ¡pues claro que lo sabemos! Nahia está embarazada de La Fuente no nacida.
MELINDA: ¡No, yo estoy embarazada! Bueno, y Nahia también.
HENRY: (mirando a todos confuso) ¿Por qué repite siempre lo mismo? Ya sabemos que Nahia está embarazada de La Fuente no nacida.
MELINDA: ¡Y yo también, puñetas!
PRUE: A ver, creo que lo que Melinda quiere decir es que el embarazo de Nahia de una criatura tan poderosa como La Fuente no nacida puede ser algo terriblemente peligroso, y no debemos olvidarnos de ello. ¿Verdad, Mel?
MELINDA: (cubriéndose la vista con la mano) Esto es desesperante…
El suelo comenzó a vibrar, casi imperceptible, pero entonces la intensidad empezó a subir gradualmente más y más, como aquellos terremotos que tanto le asustaban a Melinda cuando era niña.
 “Pero era imposible, aquello era Chicago, no San Francisco. Allí no había actividad tectónica”, pensó para sí. Sin embargo, mientras los platos y los vasos caían contra el suelo, ninguno de los presentes parecía percatarse de lo que estaba sucediendo. Y lo más inquietante era que tras impactar contra el suelo, los escombros desaparecían, como si nunca hubieran caído.
MELINDA: Es que… ¿es que no lo veis? (dijo asustada)
Melinda miró aterrada a sus familiares, pero ninguno dio muestras de haberle hecho caso. Un intenso zumbido atravesó sus oídos, causándole un gran dolor. Melinda gritó cubriéndose los oídos, y cayó arrodillada al suelo mientras sentía una especie de fuerte corriente de aire estrujarla en todas direcciones.
WYATT: Oh Mel, como he visto que no te despertabas, he decidido preparar la receta especial de tortitas de Mamá. Ya sabes, la no recomendada para menores de 21, ¡jejeje! (dijo sonriente) ¿Cuántas quieres?
Melinda abrió los ojos lentamente. Henry y Rachel hablaban de sus asuntos no tan secretos de luz blanca mientras Alice le preguntaba a Phoebe sobre las fotos de su orla de promoción que se haría más tarde. Todo a su alrededor parecía normal, era como una mañana cualquiera.
MELINDA: Eh… no, mejor no. Creo que hoy tomaré un descafeinado y una tostada, tengo el estómago algo delicado.
 
PATRICIA: Vaya Mel, ¿a qué se debe que hoy se te hayan pegado las sábanas?
PHOEBE: Sí, siempre te levantas justo después que Prue…
PATRICIA: ¿Será que alguien se lo pasó bien anoche en su cita? (inquirió en tono juguetón)
MELINDA: ¿Eh? ¿Cita?
PATRICIA: ¡La cita con Jared! ¡Cuenta, cuenta! ¿Qué paso?
MELINDA: ¡Ah, la cita! No… sé. No estoy segura.
PRUE: ¡Pero mira que sois moscones! Mel, no hace falta que digas nada si no quieres.
MELINDA: Oh… Gracias, Prue.
ALICE: ¡Me aburro! (gritó en tono infantil) Si nadie va a contar secretos escabrosos, entonces mejor me voy a mi sesión con el Dr. Shapiro. Que por cierto… ¡mierda, llego tarde!
PHOEBE: Si alguien abusara menos del agua caliente…
Alice le dedicó una mirada de desdén que casi podía atravesarla.
ALICE: Wyatt, ¡Wyitto! Anda, llévame con tus poderes, majo…
WYATT: ¿Wyitto?
ALICE: ¡Jo, que ya me salté sin querer la sesión de la semana pasada y el doctorcito se cabreó de lo lindo conmigo!
PATRICIA: ¿Pero por una sesión se cabrearía tanto?
ALICE: Bueno, quien dice una… Más bien un par. (reconoció avergonzada)
 
PATRICIA: ¿Por qué no me sorprende…? (susurró entre dientes)
ALICE: ¡Anda, ayúdame!
WYATT: Ya sabes que no está bien que usemos la magia para beneficio personal, y menos de forma tan imprudente. Cualquier incauto podría descubrirnos…
ALICE: ¡Porfi, Wyitto!
WYATT: (resoplando) Bueeeno, sólo por esta vez. Pero no vuelvas a llamarme Wyitto.
Wyatt alzó su brazo, y Alice desapareció entre órbitas.
PATRICIA: ¡Vaya, qué lleno está esto! Como siga aumentando la familia, al final no vamos a caber en la mesa… (advirtió despreocupada)
MELINDA: ¡Pffffgh! (escupe descontroladamente el café)
RACHEL: ¿Estás bien, cielo? Hace unos cuantos días que se te ve algo desmejorada…
MELINDA: Eh… ¿yo? Serán imaginaciones tuyas…
PRUE: Pues tienes razón, Patty. Aunque si os soy sincera, espero que tengamos que comprar una mesa nueva.
PHOEBE: Debió ser un reencuentro muy fructífero el tuyo y de Phyllis…
PRUE: (emocionada) Sí. Os sonará extraño, pero últimamente siento que todo es posible. Por fin siento que la vida está llena de posibilidades, y creo que recuperar a mi hija es una de ellas.
MELINDA: Claro que sí, Prue. Te lo mereces. (dijo amable, posando su mano sobre la de Prue)
PRUE: Gracias, “hermanita”. (respondió entre risas)
HENRY: Y hablando de familias que crecen… ¿qué ha sido de Bobbie?
PHOEBE: (con una sensación rara en el estómago) ¿Y a qué viene ese interés repentino por la NOVIA de Rachel?
HENRY: No, por nada… (repuso avergonzado)
PRUE: Pero ahora que lo dices, hace ya varios días que no la vemos por aquí…
RACHEL: Está un poco sensible últimamente. Descubrir que los brujos del Grupo Artemisa, los originarios de sus poderes, están siendo ejecutados por Red Swan le ha afectado un poco. Me dijo que necesitaba un poco de espacio para pensar en su papel en todo esto.
PRUE: Oh, lo siento mucho.
RACHEL: (resoplando) Bueno, está con Dag. Aburrirse no lo va a hacer…
HENRY: Eso de Grupo Artemisa nunca lo he llegado a entender…
PRUE: Artemisa era la diosa griega de la caza.
RACHEL: Sí. Los secuestrados del Proyecto Náyade pensaron que era el nombre más acorde para identificarse, para ver si con suerte desplumaban algunos cisnes.
PATRICIA: Yo lo siento mucho, pero creo que debería irme ya, si no quiero llegar tarde a la residencia. Quién sabe, puede que la Sra. Legendre vuelva a profetizar el apocalipsis en mi ausencia… (respuso divertida)
WYATT: ¡Eh, menos bromas con eso!
Patricia se levantó y cogió un croissant para el camino. Se dispuso a marcharse, pero en la puerta se chocó con Chris.
PATRICIA: ¡Upps, lo siento!
CHRIS: ¿Eh?
WYATT: Uy que cara más larga…
CHRIS: Oh… Bah. (balbuceó ininteligible)
Patricia le dio unas palmaditas en el hombro y se dirigió hacia la puerta principal. Chris se acercó y se derrumbó sobre una silla, apoyando la cabeza contra la mesa.
PHOEBE: Me parece que alguien ha dormido con el pie izquierdo también…
MELINDA: ¿Y se puede saber por qué me miras a mí?
PHOEBE: Por eso… (respondió entornando los ojos)
CHRIS: Hambre. Comida. (dijo desganado)
HENRY: Qué comunicativo… ¡Anímate, chaval!
RACHEL: ¡Henry! Sé más comprensivo…
HENRY: Perdona, es que no lo acabo de entender…
RACHEL: Ha perdido a un inocente, es normal que le afecte.
HENRY: ¿Pero tanto tiempo? ¡Ni que fuera el Papa!
CHRIS: ¿Hola? Os estoy oyendo… (susurró con la cabeza aun pegada a la mesa)
PHOEBE: Déjalo Chris, Henry tiene la sensibilidad de un ladrillo… (repuso aburrida)
HENRY: ¡Ehhh! (saltó ofendido)
CHRIS: (levantando la cabeza sin fuerzas) Si ya lo sé, es estúpido. No lo entiendo ni yo, y eso me está dando una jaqueca que… en fin. Y lo peor es esa sensación de que me he perdido algo importante, y no importa si lo enfoco racionalmente o mágicamente, que soy incapaz de encontrar una respuesta.
MELINDA: Quizá deberías dejarte llevar y no preocuparte tanto. Tarde o temprano las respuestas llegarán a ti.
CHRIS: ¿Tú crees?
MELINDA: Es lo que hago yo con todo este rollo raro de mi embarazo…
CHRIS: Un momento, ¿embarazo? ¿Qué me he perdido?
MELINDA: (susurrando sonriente) Y 3, 2, 1…
WYATT: No te lo dijimos para evitarte preocupaciones, pero parece ser que en la última vuelta de tuercas de la pelea de gatas de Karen y Nahia, Nahia ha invocado de la ultratumba el espíritu de La Fuente no nacida.
PHOEBE: ¡Ahora tiene a mi hermanito bastardo en las tripas dándole poder! (repuso en tono bromista)
MELINDA: ¡Ta dá! Y todos parece que saben lo de mi embarazo, pero luego no tienen ni puta idea… (susurró hastiada)
Melinda se quedó mirando por la ventana de la cocina, pensativa. El señor Peterson estaba cortando el seto con unas tijeras de podar, pero al girarse Melinda pudo comprobar que no tenía rostro, como los comensales del restaurante. El cartero, que pasaba con su patín eléctrico, se paró frente al jardín trasero de la mansión. Pero tampoco parecía tener rostro, aunque sin duda dirigía su atención sobre Melinda, como el señor Peterson. Poco a poco, los viandantes que circulaban por la calle se paraban frente a la mansión, también sin rostro, pero también escudriñando sus movimientos a través de la ventana. Melinda comenzó a inquietarse, mientras un sudor frío le resbalaba por la espalda.
HENRY: ¿Ocurre algo, Mel?
MELINDA: ¿Eh? ¿Qué dices?
HENRY: Estabas susurrando algo, pero no hemos podido oír lo que decías.
Melinda dirigió la mirada un segundo a la ventana, pero todo parecía volver a ser completamente normal.
MELINDA: ¡Oh, nada! Tonterías y divagaciones de una loca con falta de sueño…
WYATT: Yo creo que también debería irme a trabajar, a ver si consigo avanzar entre los dossiers de actividad legal de Red Swan de los últimos 30 años. Aunque sospecho que no voy a encontrar gran cosa, Karen Andrews parece saber ocultar muy bien sus huellas…
PRUE: ¿Pero no vas a desayunar nada?
WYATT: Créeme, si tú también hubieras manejado todo ese azúcar, tampoco tendrías ganas de hincarle el diente…
HENRY: ¡Claro! Por eso nunca he visto a Mel comiendo nada de la bollería que hornea…
MELINDA: Yo es que soy más de salado. Sólo preparo bollería por vosotros, no sé qué tenéis los luces blancas que las calorías os vuelven locos…
RACHEL: Es por el metabolismo. (apuntó mientras se servía otra tortita con sirope de arce)
Phoebe y Henry se quedaron mirándola extrañados, como si no entendiesen de lo que hablaba.
RACHEL: ¿Qué? ¡Analicé mi propia sangre con 14 años!
PHOEBE: Ah…
HENRY: ¿Fue cuando te castigaron un mes sin usar el e-book por cargarte la centrifugadora médica del campamento para empollones?
RACHEL: ¡Al menos a mí no me tuvieron que llevar al campamento para gordos por destrozar el sillón favorito de Papá! (le recriminó en venganza)
PRUE: ¡Ey, chicos! No me hagáis sacar la zapatilla… (les advirtió seria)
RACHEL: Bueno, el caso es que hace poco pude demostrar que los poderes de luz blanca hacen que nuestro metabolismo funcione mucho más rápido de lo normal, así que lo debemos compensar con una mayor ingesta de calorías. Claro que algunos no saben dónde parar y acaban castigados en el campamento para gordos por reventar la cadera de Mister Peludo. Intentó cabalgarlo como a un caballo…
HENRY: (mirándola con ira) ¿Tú no estabas haciendo la dieta vegana con Bobbie?
RACHEL: ¡Cállate!
Rachel intentó darle un manotazo, pero Henry lo esquivó con el brazo. En cuestión de segundos, aquello se había convertido en una ridícula guerra de manotazos, en la que ninguno parecía ceder. Prue, enfadada, alzó entonces las manos, retorciendo telequinéticamente las orejas de ambos.
PRUE: ¡Jovencitos! ¡O dejáis de pelear, u os dolerá el trasero hasta la edad de piedra del puntapié que os voy a dar!
RACHEL: ¡Auuuch! ¡Ha empezado él! ¡Siempre se metía conmigo por mi inteligencia!
HENRY: ¡Sí, claro! Lo que tú digas, 171…
RACHEL: ¿Y eso lo ponía en mi test, o en tu báscula? (apuntó con una sonrisa maléfica)
MELINDA: ¡Por favor, sois peores que unos críos de parvulario!
Wyatt comenzó a negar con la cabeza, avergonzado, mientras salía de la cocina. Rachel se encogió de hombros, y Henry torció la cabeza haciéndose el despistado.
CHRIS: ¿Eh?
PRUE: ¿Qué ocurre, Chris?
CHRIS: Ah, pensaba que alguien había dicho mi nombre… (repuso desganado, volviendo a posar la cabeza sobre la mesa)
PHOEBE: Oh no, Chris. Lo siento.
PRUE: Esto empieza a preocuparme un poco, Mel. Parece un alma en pena…
CHRIS: Te estoy oyendo, Prue… (masculló sin separar la cabeza de la mesa)
PRUE: Es que lo he dicho bien alto para que me oigas.
CHRIS: Grrrr… (gruñó) Me voy a duchar.
MELINDA: ¡Espera Chris! Pero si no has comido nada…
CHRIS: No tengo hambre.
Chris se levantó de un salto, y antes de que nadie pudiese reaccionar se escapó raudo de la cocina.
RACHEL: Pobre, está hecho polvo…
MELINDA: (desconcertada) Sí… Me recuerda un poco a Wyatt, cuando Alison falleció.
PRUE: Siente que ha perdido a alguien importante, pero lo peor es que no puede sentir nada por ella porque nunca llegó a conocerla. Sentimientos que debería tener y no tiene, sentimientos que no debería tener y sin embargo sí tiene. Su corazón parece… completamente aturdido.
HENRY: Será por eso que a Patty no le gusta estar muy cerca de él últimamente, con la reciente evolución de sus poderes de cupido…
PHOEBE: Ni a mí me resulta agradable, y eso que procuro bloquear mi empatía todo lo posible cuando está cerca…
RACHEL: ¡Mirad! Se ha dejado un reloj… (señaló curiosa)
WYATT: Es el reloj que destrozó a esa pobre chica. Desde su funeral no lo suelta ni a la de tres.
HENRY: ¡Eeeww! ¡Qué morboso! (repuso asqueado) ¿De verdad se atrevió a birlarle el reloj a una muerta?
RACHEL: ¡Malpensado! (contestó mientras le arreaba una colleja) Seguramente ella se lo entregaría entre sus últimos suspiros.
PHOEBE: Siento una energía extraña… Dejadme ver.
Phoebe alargó la mano, pero segundos antes de rozarlo siquiera Chris apareció orbitando y le agarró el brazo con cara de malas pulgas. Phoebe comenzó a temblar y su rostro reflejó una sensación nauseabunda mientras Chris se guardaba el reloj en el bolsillo, y entonces orbitó de regreso a su habitación.
PHOEBE: ¿Veis? A eso es a lo que me refería. ¡Dios, me ha revuelto el estómago por completo!
Phoebe se levantó, sosteniéndose con una mano el abdomen y con la otra tapándose la boca, y se dirigió con rapidez hacia el baño, seguida por los atónitos ojos de los presentes.
MELINDA: Creo que esto me suena haberlo visto ya… (susurró desconcertada)
WYATT: ¿Qué dices, Mel? No te he entendido bien.
MELINDA: Oh, nada. Que me alegro de no ser la empática de la familia.
HENRY: Pues yo también me voy, tengo que brwstigh dstuplr.
RACHEL: ¡Oh, claro! ¡Brwstigh dstuplr! Era hoy, ¿no?
MELINDA: ¿Cómo?
HENRY: ¡Brwstigh dstuplr! (repuso molesto)
MELINDA: ¿Pero eso acaso significa algo? Apenas es un batiburrillo chirriante de palabras…
WYATT: Debiste haberle prestado un poco más de atención a Henry cuando hablaba del tema. Ahora ya no sabrás lo que hizo.
MELINDA: ¿Lo… que… hizo? ¿Por qué me hablas en pasado, si Henry aún está aquí?
WYATT: (mirándola confuso) Pero si no he abierto la boca… ¿Estás bien, Mel?
MELINDA: ¡Esto es de lo más irritante!
Melinda se dispuso a marcharse indignada, pero al levantarse de la silla sintió una fuerte presión sobre su cuerpo que la empujó mágicamente de nuevo sobre su asiento. Ella se quedó boquiabierta mirando al rostro de cada uno de los presentes, esperando alguna reacción, pero parecía como si ninguno se hubiese percatado de ello.
MELINDA: ¡Eeeeh! ¡Persona atrapada! (advirtió irritada)
WYATT: Pues… a lo que iba, que me tengo que ir. A trabajar, o algo que se le parezca.
Wyatt chasqueó los dedos, desapareciendo entre órbitas inmediantemente después. Melinda miró a su alrededor, esperando conseguir la ayuda del resto para que la despegaran de aquella silla, pero inexplicablemente se había quedado sola en la cocina.
MELINDA: ¿Me he quedado grogui? ¿Tanto tiempo ha pasado? (susurró para sí misma)
Tras aquella reflexión, Melinda cayó de culo contra el suelo, como si alguien le hubiese quitado la silla de repente. Sin embargo, al alzar la mirada pudo comprobar que la silla seguía en su sitio, aunque ya no estaba sentada en ella.
MELINDA: ¡Auch! Desde luego este dolor de culo no me lo estoy imaginando…
Melinda se levantó despacio y se dispuso a salir de la cocina. En el pasillo, una niña de cabello oscuro que le resultaba ligeramente familiar estaba jugando con cartas de tarot con una joven que le resultaba totalmente desconocida e inquietante. La niña le miró a los ojos unos segundos y sonrió, pero la joven ni siquiera levantó el rostro de su fajo de cartas.
MELINDA: Perdonad si sueno grosera, ¡¿pero qué coño estáis haciendo en mi puñetera casa?! (repuso enfadada)
La niña cogio una carta del fajo de la joven y la situó en el suelo.
MELINDA: Creo… creo que te conozco.
NIÑA: La Luna invertida…
La joven cogió una carta del fajo de la niña y la puso a la derecha.
NIÑA: El Carro invertido…
La niña cogió una nueva carta del fajo de la joven y la puso a la izquierda.
NIÑA: La Torre…
MELINDA: Vale, eso no me gusta nada. Helen era la única que sabía echar las cartas del tarot, pero sé que eso no me gusta…
La joven levantó entonces su rostro y la observó con profunda tristeza.
WYN: No puedes cambiar lo que va a suceder…
MELINDA: (furiosa) ¿Cómo que no puedo cambiar lo que va a suceder? ¡¿Pero quién coño te has creído que eres para atar mi futuro?! ¿Un jodido Ángel del Destino?
WYN: La Luna invertida… El Carro invertido… La Torre…
????: ¡Que alguien me ayude, por favor!
Melinda miró hacia arriba, confusa.
MELINDA: Esa voz de nuevo… ¿Qué sucede?
Melinda dirigió la vista de nuevo a la joven, una mirada acusatoria en busca de respuestas, pero ya no había nadie, sólo las tres cartas.
MELINDA: ¿Pero qué…? (balbuceó sorprendida) La Luna invertida, El Carro invertido y La Torre. ¿Qué significa todo esto?
PHOEBE: (gritando desde la escalera) ¡Melinda! ¡Que vamos a llegar tarde a recoger a Alice!
MELINDA: ¡Pero si Alice se acaba de marchar hace nada! ¿Y tú no te habías ido a hacerte las fotos de la orla de promoción?
PHOEBE: ¡Ya volví de eso hace casi media hora! (contestó extrañada)
 
MELINDA: (negando sorprendida) Ah, claro… No sé en qué estaba pensando. Este día se me está haciendo muy extraño.
Melinda subió las escaleras lentamente, extrañada por el súbito paso de tiempo, pero al llegar al último escalón percibió el hall del primer piso algo diferente. Era como si hubiese encogido un poco, y estaba lleno de gabardinas, abrigos de piel y toda clase de chaquetas elegantes colgadas en perchas.
 
MELINDA: Este no es mi armario…
Melinda navegó entre el mar de abrigos, hasta llegar a una pequeña barra en la que esperaba una mujer de espaldas.
MELINDA: Disculpe señora, ¿este armario…?
La señora se giró, y a Melinda casi le dio un vuelco el corazón. Ella tampoco tenía ojos, como aquellos a los que no paraba de ver en todas partes. Melinda dio un paso hacia atrás, sorprendida, pero chocó contra la pared de aquel guardarropa, una pared antes inexistente. La mujer alzó su mano e hizo un gesto de silencio.
MELINDA: Ya… me voy, señora. No se preocupe… (repuso asustada)
Melinda rodeó a aquella extraña mujer, lo más alejada posible que el espacio de aquel pequeño guardarropa le dejaba, y salió al vestíbulo del restaurante.
MELINDA: ¿Otra vez aquí?
MAITRE: Bienvenida a
 La Tête Agité, señorita. ¿Tiene reserva?
MELINDA: Sí. Bueno… creo que ya estuve aquí ayer. No estoy segura…
MAITRE: ¿Su nombre?
MELINDA: Emm… ¿Halliwell, para dos a las 8:15?
MAITRE: ¡Oh sí! Llega justo a tiempo, su cita le espera.
MELINDA: No entiendo… ¿me está esperando ahora? Pero… ¿no sé marchó? Yo me fui, me acosté y luego no sé cómo he vuelto aquí. O… no sé, ¿me lo he imaginado?
MAITRE: No se preocupe por eso, señorita. Disfrute de su cena.
El maitre se hizo a un lado y le mostró el camino con el brazo.
MELINDA: No sé, tengo la sensación como si acabara de desayunar…
Melinda cruzó junto al maitre y entró al enorme salón. En cuanto puso sus pies dentro, todos los comensales dejaron sus asuntos y se dispusieron a vigilar sus movimientos, pero al igual que la última vez, ninguno de ellos disponía de ojos, como si en sus cráneos no existiera el hueco de las cuencas oculares.
MELINDA: No les mires a la cara, no les mires a la cara... (susurró para sí, nerviosa)
Lentamente, Melinda se acercó de nuevo a aquella pequeña plataforma elevada en el centro del restaurante, donde estaba su mesa. La figura vestida de parca le esperaba sosteniendo con firmeza su guadaña. Melinda se sentó nerviosa, sintiendo cómo la observaban, en cierta manera, esas decenas de rostros sin ojos.
MELINDA: Creo que cada vez entiendo menos lo que veo. Algo pasa, lo noto…
JARED: He estado esperándote.
MELINDA: (confusa) Creo que estábamos hablando, pero tengo la sensación de que la conversación quedó en stand-by.
Jared, oculto bajo la tela de aquella toga, asintió solemne.
MELINDA: ¿Por qué el disfraz? No es casual, tiene un propósito.
JARED: ¿Qué disfraz? Este siempre fue mi verdadero rostro…
MELINDA: No, llevas una enorme to…
Mientras le reprendía, aquellos ropajes desaparecieron en el transcurso de un pestañeo. Melinda se quedó boquiabierta frente a Jared, que llevaba ahora un traje gris sobre una camisa color mostaza.
MELINDA: Pero… no entiendo.
JARED: No puedes ver lo que no existe.
MELINDA: ¿Qué?
JARED: No quieres ver lo que está frente a ti.
MELINDA: Ese lenguaje tan críptico me está volviendo loca. ¿Y dónde está la guadaña y el traje de parca?
JARED: Preguntas equivocadas.
MELINDA: (ofendida) ¿Qué es esto? ¿De qué clase de juego macabro se trata?
JARED: (señalándose la sien) Piensa. Este no es el momento. Yo no soy el que da esa respuesta a tu mente.
MELINDA: ¿Es todo una clase de broma? ¿Qué tienes que ver tú con todo esto? ¿Por qué siempre acabo llegando aquí, contigo?
JARED: Estamos cenando. Esto es una cita.
Melinda, furiosa, empujó con fuerza los platos con pato confitado que tenían delante.
MELINDA: ¡Maldita sea, Jared! ¿Qué puñetas pasa aquí? ¿Y qué hace toda esa jodida panda de freaks sin ojos espiándonos?
JARED: Tú los llamaste… (repuso desconcertado)
MELINDA: Que yo los llamé… claro. ¡Cómo no! (repuso irónica) ¿Qué son y cómo los mato?
JARED: Tú lo sabes…
MELINDA: Eres muy útil… (insistió irónica) ¿Y qué puñetas haces aquí si no es para ayudarme?
JARED: Como te dije, estamos teniendo una cita.
MELINDA: ¿Por qué? ¿De qué sirve todo esto? ¿Acaso hay algo que salvar?
JARED: Mel, nunca hemos tenido una oportunidad. Nos hemos visto envueltos en una serie de circunstancias imposibles, y hemos actuado de formas equivocadas. Nunca hemos tenido ocasión de ser tú y yo, nosotros. No del todo.
MELINDA: ¿Y eso no te dice algo? Quizá no estábamos hechos para estar juntos, quizá sólo debíamos encontrarnos para crear a nuestra hija y a la pequeña vida que crece en mi interior, y luego seguir cada uno nuestro camino.
JARED: Yo… yo no puedo pensar eso. Me niego.
MELINDA: ¡Y yo no quiero que hiramos a estas dos personitas por la cabezonería de mantener una relación que no funciona!
Jared se quedó mirando fijamente a Melinda, decepcionado y herido por sus palabras.
JARED: ¿Por qué, Melinda?
MELINDA: Porque nos persiguen fuerzas maléficas día sí, día también… Y tú me ocultas secretos graves… Y yo actúo como una inconsciente cuando me preocupo por ti, arriesgando mi vida sin pensar en las consecuencias…
JARED: (sorprendido) Mel, ¿no te das cuenta? Eso tiene un nombre: miedo. ¿De qué tienes miedo?
MELINDA: ¿Quieres hablarme de miedo? ¡¿Por qué no hablamos de algo mejor: CONFIANZA?! ¡Sí, puta confianza! ¡Como la que tú tuviste conmigo todos aquellos meses que estabas enfermo, o cuando luego descubriste aquella extraña evolución de tus poderes!
JARED: Se suponía que debía ser la época más feliz de toda mi vida, pero ocurrieron cosas que no podía entender… Y tenía sensaciones que no sabía explicar, como si fuese… una especie de persona horrible. No quería ser alguien frágil para ti, tenía miedo. Quería protegerte.
MELINDA: Protegerme, ¡cómo no! (balbuceó mordaz) ¡Pasaste por encima de mí! No confiaste en que fuera lo suficientemente fuerte como para poder apoyarte. No confiaste en mí.
JARED: ¡Sí, quería protegerte porque te quiero! Quería protegerte, de mí mismo supongo, pero no fui consciente de que estaba faltando a tu confianza. Actúe mal, y estoy pagando por ello. Quiero compensarte, intento hacer todo lo posible para compensarte desde entonces. Ahora sé que no estoy solo, que puedo confiar en ti para cualquier cosa que nos suceda.
MELINDA: Las cosas no son tan simples, Jared.
JARED: ¿Y qué lo es? Con la cantidad de cosas que ambos hemos visto, que hemos vivido y que hemos sufrido… Todo es complejo y extraño, pero en el fondo sólo importa una cosa entre los dos: que nos queramos el uno al otro. Porque… ¿tú me quieres, verdad?
MELINDA: (mirándole seria) Por supuesto, no sé cómo puedes dudarlo.
JARED: Entonces… ¿qué es lo que falla? ¿Cuál es el problema? ¿De qué tienes miedo?
MELINDA: Yo… yo no lo sé, Jared. Quizá no ha…
PHOEBE: (interrumpiéndola) ¡Mel! ¡Que Alice se va a hartar de esperar!
MELINDA: ¿Phoebe? ¿Cómo… cómo puede ser…?
Melinda miro hacia atrás. Algunas mesas habían desaparecido y en su lugar estaba su coche, con Phoebe al volante.
PHOEBE: ¡Mellie! (insistió desganada)
MELINDA: ¿De verdad aparqué mi coche ahí? (preguntó avergonzada, señalando a su espalda)
JARED: ¿Acaso importa? Te están esperando.
MELINDA: Pero… siento que falta algo. Siento que hay más que no nos hemos dicho.
JARED: Yo estoy aquí, siempre estoy aquí. Aunque me veas en otro sitio, siempre estoy aquí.
MELINDA: ¿Qué tiene este sitio de importante?
JARED: Todavía no lo comprendes: no es este sitio. Pero no te preocupes, pronto lo entenderás…
MELINDA: Pero…
JARED: Ahora no es el momento. Digamos…
MELINDA: (interrumpiéndole) Que es una pausa, ¿no?
Jared sonrió y asintió levemente con la cabeza. Melinda agachó la mirada, y se dirigió al asiento del copiloto. Una vez que cerró la puerta con ella dentro, Melinda miró hacia el exterior, pero inexplicablemente sólo se podía ver la calle de su barrio frente a su casa.
MELINDA: ¿Cómo hemos salido del restaurante?
PHOEBE: ¿Restaurante? (preguntó confusa) ¡Ah, la cita con Jared! Fue el otro día, ¿verdad? Aun no nos has contado nada sobre lo que pasó…
MELINDA: (algo desorientada) ¿El… otro día? ¿Fue el otro día? ¡Oh… sí, es cierto! Tengo la cabeza un poco atolondrada…
Phoebe giró la llave, arrancando el motor eléctrico del coche, y entonces apagó el contacto. Melinda la miró preocupada.
MELINDA: ¿Ocurre algo malo? ¿Te has olvidado de algo?
PHOEBE: ¡Ya hemos llegado! (respondió sonriente)
MELINDA: ¿Pero qué…? ¡Déjate de chorradas!
PHOEBE: Tu percepción de la realidad falla. Aun no eres consciente de lo que sucede…
MELINDA: ¡¿Qué?!
Melinda miró fuera del coche, y entonces se sorprendió de ver que estaban en el centro, frente a la consulta del Dr. Shappiro.
PHOEBE: ¡Mel! ¿Pero qué haces aun en el coche? (preguntó sorprendida desde la puerta)
MELINDA: ¿Pero cómo has llegado hasta ahí tan rápido?
Melinda abrió la puerta del copiloto y fue corriendo hasta la puerta. Tras pasar por un largo hall de aspecto moderno, encontró a Phoebe sentada en la sala de espera, pasando páginas de una revista electrónica sobre moda y complementos y con gesto bastante agrio.
PHOEBE: ¡Mel! ¿Cómo has tardado tanto en llegar? ¡Llevo esperándote casi cuarto de hora!
MELINDA: ¿Cómo que cuarto de hora? ¡Si acabo de salir del coche!
PHOEBE: ¡Ah, perdona! ¿Has tenido problemas para aparcar?
MELINDA: ¿Para aparcar yo? ¡Si has venido tú conduciendo!
PHOEBE: Sí, claro. Como que tengo carné siquiera…
MELINDA: (desconcertada) Es cierto… ¿En qué estaba yo pensando?
PHOEBE: Será agotamiento prenatal…
MELINDA: Vete a la mierda, guapa… (repuso harta)
PHOEBE: (ignorando el insulto) ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
MELINDA: ¿Pero por qué todos actuáis con eso de la memoria selectiva? Me estáis poniendo de los nervios…
PHOEBE: ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
MELINDA: Vale, es divertido que me ignores y sigas a lo tuyo, pero la gracia tiene un límite.
PHOEBE: ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
MELINDA: Pareces un disco rallado, ¡y me aburres!
PHOEBE: ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
MELINDA: ¡Aarg! ¡Me tienes hasta las narices!
PHOEBE: ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
MELINDA: ¡A la mierda! ¡La voy a sacar yo misma a rastras!
PHOEBE: ¿Y por qué tarda tanto en salir esta mujer? ¡Lleva casi diez minutos de retraso respecto al término de su cita!
Melinda se levantó furiosa y se dirigió hacia la puerta del despacho del Dr. Shapiro. Justo cuando giraba el picaporte, Phoebe le sorprendió sujetándole el brazo, pues no la había oído acercarse.
PHOEBE: No puedes entrar.
MELINDA: ¡Me la sopla! ¡Ya no aguanto más!
PHOEBE: No puedes entrar. No llegaste a entrar, no puedes saber lo que pasó adentro.
Melinda hizo un aspaviento, librándose del agarrón de Phoebe, y entonces la recepcionista de la clínica se giró y reveló su rostro sin cuencas oculares, como los del restaurante.
MELINDA: (asustada) ¿Por… por qué me miran así?
PHOEBE: No pueden mirarte.
MELINDA: Lo sé, pero… aun así sé que me miran. ¿Qué quieren de mí?
PHOEBE: No puedes entrar. No llegaste a entrar, no puedes saber lo que pasó adentro.
MELINDA: ¿Qué… hay ahí… dentro?
PHOEBE: No puedes entrar. No llegaste a entrar, no puedes saber lo que pasó adentro.
Melinda agarró de nuevo el picaporte, y Phoebe volvió a agarrarla. Ella, nerviosa, dio un fuerte manotazo en el aire que empujó a Phoebe contra el suelo, mientras la recepcionista se levantaba.
PHOEBE: ¡Alto Melinda!
PHOEBE: (desde el sofá) ¿Pero qué estás haciendo?
Melinda levantó la vista, y vio a su prima pequeña aun sentada en el sofá de la recepción con la revista electrónica en su regazo. Melinda volvió a agachar la mirada, y a sus pies pudo ver que aquella a la que había empujado no era Phoebe, sino la recepcionista.
MELINDA: ¿Pero qué…?
RECEPCIONISTA: Grrrrrrrrrrr… (susurró en tono gutural)
Melinda ignoró el gesto amenazador de la recepcionista y abrió la puerta con rapidez. Sintió entonces un intenso fogonazo en los ojos que la dejó cegada durante unos instantes, pero cuando sus ojos se recuperaron su boca se abrió por completo de la sorpresa. Sobre la mesa del despacho, Alice acariciaba y besaba a su psiquiatra, sin que este pareciera colaborar demasiado pero sin impedírselo tampoco.
ALICE: ¡Oh Rupert! Sabes que lo quieres, lo sabes muy bien…
DR. SHAPIRO: Alice, no… Esto… esto no está bien.
ALICE: Lo deseaste desde el primer instante en que me viste, puedo sentirlo. Y aun lo siento…
MELINDA: ¡Oh Dios mío! ¿Pero qué estás haciendo, Alice?
Alice giró la cabeza, sonrió y entonces acarició la entrepierna del Dr. Shapiro sobre el pantalón.
ALICE: Te gusta, nene. Te gusta mucho, ¡sí!
DR. SHAPIRO: Alice, por favor… Soy un hombre casado… (le suplicó con poca energía)
MELINDA: ¡Mis ojos! ¡MIS OJOOOOS! (gritó horrorizada)
ALICE: (alegre, desde el diván) ¡Hola Mel! Dice que tengo una barra en la cabeza…
Melinda giró la cabeza y vió a Alice recostada sobre el diván, mientras el Dr. Shapiro intentaba arrancar la barra de su cabeza con unos grandes alicates. Sin embargo, Alice también seguía sobre la mesa del despacho, quitándole la camisa al doctor. 
ALICE: (desde el diván) ¡Aaah, aaah, aaah! Me vibra el cerebelo…
ALICE: (desde la mesa) Es más divertido así. Es mejor, más sexy, más radiante…
ALICE: (desde la ventana) ¡Suben como pequeños insectos por mi piel! Me dicen que soy mala, y que nadie me querrá nunca…
Melinda se fijó en el rincón de la ventana. Escondida tras a una planta, había una tercera Alice aovillada junto a la pared, balanceándose y llorando desquiciadamente.
DR. SHAPIRO: (haciendo fuerza sobre la barra) Háblame de tu infancia. ¿Qué sentías cuando tu madre tenía que marcharse tan a menudo para hacer conferencias y firmas de libros?
ALICE: (desde el diván) Me quedaba con papá…
ALICE: (desde la mesa) ¿Quieres ser mi papi? Yo he sido una niña muy mala, ¡sí!
DR. SHAPIRO: (desde la mesa) No debemos, Alice. No está bien…
MELINDA: Creo que se me está yendo la olla…
DR. SHAPIRO: (desde el diván) Esta barra no sale. Creo que hay que enfocarlo desde otra perspectiva…
ALICE: (desde la mesa) Puedo estrujarte hasta que sientas como tus huesos crujen, y me pedirás más, pero nunca será suficiente. Hacerte volar sin despegar del suelo, quemarte sin sentir una llama siquiera, y que el frío polar recorra por tus venas hasta que estalles de placer, y querrás que te destroce…
ALICE: (desde la ventana, llorando) Le dije que no. Grité con todas mis fuerzas, pero él era más fuerte y tapaba mi boca con su enorme y sucia mano mientras sujetaba mis brazos con la otra. Estaba sola en la oscuridad, y pude sentir cómo desgarraba mi vestido mientras intentaba que abriese las piernas. Y yo tenía miedo de que me hiciese daño si me resistía, pero también tenía miedo de que me lo hiciese si dejaba que llegara hasta el final. Me dijo que estaría más guapa si atravesaba mi cabeza con una barra, y yo le creí…
MELINDA: Cada vez entiendo menos qué es lo que está pasando aquí…
Melinda sintió un tirón de su blusa, y entonces giró la cabeza a su izquierda. Era Alice. O al menos, otra Alice.
ALICE: No puedes entrar. No llegaste a entrar, no puedes saber lo que pasó adentro.
MELINDA: Eso tengo entendido… (respondió confusa)
Melinda volvió a mirar adentro del despacho del Dr. Shapiro, pero ya sólo había una Alice y un Dr. Shapiro, uno frente al otro a una distancia prudencial. Alice agachaba la mirada, avergonzada, mientras el doctor la hablaba con gesto serio.
DR. SHAPIRO: Me temo que no puedo hacer nada más por ayudarte. Creo que lo mejor es que busques a otro terapeuta.
ALICE: Lo siento, yo…
DR. SHAPIRO: No se preocupe, señorita Halliwell. Estoy seguro que alguno de mis colegas que le mencioné podrán tratar mejor su trastorno. Lamento no haber podido ser… más profesional con su caso.
ALICE: Yo… Está bien, lo entiendo.
MELINDA: ¿Alice?
ALICE: ¡Oh, Melinda! (dijo sonriente, limpiándose las lágrimas) ¿Qué haces aquí?
MELINDA: Phoebe y yo hemos venido a recogerte.
ALICE: ¡Oh, claro! Yo acabo de terminar mi sesión…
Alice se acercó a la puerta, pero entonces el Dr. Shapiro le hizo una señal.
DR. SHAPIRO: Señorita Halliwell, espero que puedan ayudarla a mejorar. De verdad lo espero.
ALICE: Gracias… Dr. Shapiro.
Alice se dio la vuelta y se dirigió a la salida acompañada por Melinda. Phoebe se levantó enseguida y corrió tras ellas.
MELINDA: ¿A qué ha venido eso?
ALICE: El doctor cree que ha llegado hasta donde podía con mi enfermedad, y cree lo mejor para mi recuperación es derivarme a un especialista en trastorno bipolar.
PHOEBE: ¡Huy! Pues parecía bastante seco mientras te hablaba…
ALICE: Ya… Es que no me lo he tomado muy bien, y le he roto un par de cosas. (dijo avergonzada)
MELINDA: No te preocupes por eso, seguro que es lo mejor para ti, aunque ahora no lo parezca.
PHOEBE: ¡Sí, seguro! Eso significa que estás mejorando. (repuso ilusionada)
ALICE: Ya, vale, vale… ¿Pero me podéis dejar orinar a gusto? (se quejó molesta)
MELINDA: ¿Eh? ¡Pero si por ahí está la salida, no el baño!
ALICE: ¡Dejadme en paz, par de urracas! ¡Que ya no me aguanto!
Alice abrió la puerta de salida de la consulta, pero ya no daba a la calle, sino al baño del segundo piso de la mansión Halliwell.
MELINDA: ¿Cuándo hemos anexado nuestro baño a la consulta de Alice? (preguntó confusa)
PHOEBE: Ay, tonta… ¡Eso siempre ha estado ahí!
MELINDA: ¡Eso no es cierto! ¡A mí no me tomes por loca, aquí pasa algo raro!
ALICE: Ya, pero si os soy sincera, ahora mismo eso me importa menos que un mojón con patas.
Alice, sonriente, entró en el baño y cerró de un portazo. Phoebe se quedó mirándola ofendida, mientras Melinda negaba con la cabeza de desesperación.
PHOEBE: ¿Pero tú has visto cómo nos ha echado? Desde luego, algunas cosas no cambian tanto…
Melinda le dedicó una mirada de desdén, harta de que su prima negara lo evidente, y se giró. Aquello ya no era la consulta del Dr. Shapiro, sino el pasillo del primer piso de la mansión. Sin embargo, aquello ya no le sorprendía. 
Pasó por delante de la habitación de Chris, y se sorprendió de que la puerta no estuviese cerrada. Seguramente debía de haber sido un descuido suyo, pues él seguía aun dentro, inclinado sobre su escritorio como si intentase ocultar algo.
MELINDA: (golpeando el marco de la puerta) ¡Toc, toc!
CHRIS: (sobresaltándose) ¡¿Qué?! ¡Oh, Melinda! Eres tú…
MELINDA: ¡Vaya! Pues menudo recibimiento…
CHRIS: ¡Oh! Perdona Mel, últimamente estoy un poco… raro.
MELINDA: No hace falta que lo jures. ¿Y qué haces?
CHRIS: ¿Yo? Eh… no. Nada, nada. (respondió nervioso)
MELINDA: ¿Es un secreto?
CHRIS: Tú guardas un secreto en tu interior que no quieres que nadie más descubra. Como si sintieras que nadie más lo aceptará, incluso tú misma…
MELINDA: ¿Qué? ¡¿Qué has dicho?!
CHRIS: Eh… no, no hay ningún secreto. Bueno… es un reloj.
Chris se apartó un poco, dejando que Melinda pudiera ver el reloj antiguo de Summer que inexplicablemente había llegado hasta él.
MELINDA: ¡Ah, ese reloj!
CHRIS: Era de aquella chica, pero no entiendo cómo ha llegado a mis manos.
MELINDA: ¿Y qué haces con él?
CHRIS: Cuando choqué con ella, este reloj cayó al suelo y se rompió. He estado intentando arreglarlo, pensé que al menos eso me ayudaría un poco a estar en paz con su espíritu, pero ando bastante perdido. Es que no tengo ni idea de relojería…
MELINDA: ¡Ah, claro! ¿Y eso es lo que has estado haciendo todos estos días?
CHRIS: Sí, bueno…
MELINDA: Claro. Por eso apenas comías, o dormías, o tan siquiera salías de la habitación…
CHRIS: Sí. Siento como si esto fuese algo importante, pero soy incapaz de encontrar la respuesta…
MELINDA: La respuesta… (susurró para sí)
CHRIS: ¿Qué dices?
MELINDA: Ella es la respuesta. Es algo que alguien me dijo hace mucho tiempo, pero no consigo recordar quién fue… Quizá se refería a esta chica.
CHRIS: Entonces… ¿no crees que esté loco?
MELINDA: Sí. Bueno, al menos no más que Alice. (respondió entre risas)
PHOEBE: Oh, ¿riéndoos de mi hermana la loca? (dijo alegre, apareciendo de repente desde atrás)
MELINDA: Oh, perdona Phoebe…
PHOEBE: Tranquila, en el fondo estamos todos en esta familia un poco locos. ¡Anda! ¿Y ese reloj?
Chris, al ver que Phoebe se había fijado en el reloj de Summer, intentó esconderlo con las manos, con poco éxito.
PHOEBE: Es ese con el que estabas trasteando durante el desayuno, ¿no?
MELINDA: Phoebs, no le agobies.
PHOEBE: ¿Lo puedo ver? ¡Anda, porfa! ¡Déjamelo ver!
MELINDA: ¿Pero tú qué puñetas entiendes por agobiar? (le recriminó enfadada)
PHOEBE: ¡Pero si no va a pasar nada porque me lo deje ver un segundito! ¡Anda, anda!
CHRIS: (aovillándose sobre la silla) Eh… no, no…
PHOEBE: ¡Anda, que no lo voy a romper!
Chris intentó apartarse un poco, pero Phoebe se lanzó con rapidez sobre él. Forcejearon durante unos segundos, pero finalmente Phoebe acabó arrebatándoselo de las manos, ya que Chris era presa del hambre y el cansancio. Phoebe se dispuso a echarle un ojo, pero entonces sintió un horrible espasmo por todo el cuerpo, y el reloj cayó con fuerza al suelo.
CHRIS: ¡Mi reloj! (se quejó con tristeza)
MELINDA: ¡Phoebe! ¡Eres una pedazo de bruta!
PHOEBE: (sobresaltada) No era un problema de empatía. Tenía una premonición atragantada que se me acaba de disparar…
MELINDA: ¿Has tenido una premonición?
CHRIS: (agitando los brazos de Phoebe) ¿Premonición? ¡¿Qué has visto?! ¡¿Aparecía esa chica?!
PHOEBE: ¡Aagh, que me vas a marear!
CHRIS: Oh, lo siento… (repuso ofendido)
MELINDA: ¿Y qué has visto en la premonición?
PHOEBE: Era muy críptica, pero he podido ver a un hombre con traje atacado por un grupo de soldados esos de Red Swan, y luego al tal Benjamin haciéndole algo en el cuello. No sabría decir qué más…
MELINDA: ¿Y no sabes por casualidad quién era?
PHOEBE: (dubitativa) El caso es que me suena, pero…
CHRIS: Qué útil…
PHOEBE: ¡Oye! (saltó ofendida)
MELINDA: Al menos sabemos que Karen tiene pensado cometer un nuevo asesinato. Y debe ser alguien importante si está dispuesta a correr el riesgo.
CHRIS: Pero si no sabemos quién es, lo que Phoebe acaba de ver bien vale una mierda.
PHOEBE: ¡Ey, que estoy delante! (insistió ofendida)
MELINDA: Chris, no te pongas picajoso, ella hace lo que puede. Phoebs, ¿hay alguna forma de que puedas mostrarme su cara? Quizá yo sepa de quien se trata.
PHOEBE: Sí. Bueno, ya hice algo parecido con Rachel cuando Bobbie estaba enferma.
MELINDA: (pensativa) Bobbie… Creo que había algo que tenía que decirle, o que me tenía que decir, pero no puedo acordarme. 
CHRIS: ¿Todo bien?
MELINDA: Mmm, es igual. Seguramente no era tan importante…
Melinda extendió su mano, y Phoebe posó la suya encima con cuidado y cerró los ojos.
MELINDA: Phoebs, esto no fun… ¡Aarg, joder! (se quejó por el choque mental) ¿Sientes eso cada vez que tienes una premonición?
PHOEBE: A veces…
MELINDA: ¡Pues menuda bolsa de mierda!
CHRIS: ¿Y bien?
MELINDA: ¿Y bien qué?
CHRIS: ¡El hombre! ¿Quién es ese maldito hombre?
MELINDA: ¡Oh! Es Harvey Montgomery, el senador de Illinois. Se va a presentar a las primarias para la presidencia.
PHOEBE: ¡Oh, es verdad! Si dio un discurso hace poco en el campus… (dijo avergonzada)
CHRIS: Así que a Karen le ha dado ahora por apuntar alto…
MELINDA: Querrá asegurarse al candidato perfecto para que mire a otro lado con sus chanchullos ilegales.
PHOEBE: E imagino que con la ristra de poderes que puede obtener gracias al Proyecto Náyade, cualquier guardaespaldas o equipo de seguridad que intente proteger al senador fracasará irremediablemente.
CHRIS: Por eso debemos encargarnos nosotros mismo personalmente de protegerle. Creo que era lo que Summer habría querido…
PHOEBE: Ah, esa chica… (dijo con un gesto pícaro)
MELINDA: Y bien, ¿ahora qué? ¿Reunimos a la banda de los X-Men?
CHRIS: Sí, deberíamos estar listos lo antes posible y el mayor número de nosotros que podamos. No podemos estar seguros de hasta dónde llegará Karen para cumplir su objetivo.
PHOEBE: Entonces yo me voy a meterle prisa a Alice para que termine en el baño. ¿Tú avisarás al resto, Chris?
CHRIS: Sin problema. Ahora mismo vuelvo.
Chris desapareció entre órbitas, y Phoebe se fue corriendo por el pasillo. Melinda se agachó y recogió el reloj del suelo, intranquila, y lo dejó en la mesa.
Al salir al pasillo, Melinda se encontró con una sorprendida Rachel.
RACHEL: ¡Uy, vaya! ¿Qué pasa ahora? Phoebe corre como si estuviesen invadiendo Kuwait de nuevo…
MELINDA: Hay problemas.
RACHEL: Vaya novedad… ¿Zorra número uno o zorra número dos? (repuso desganada)
MELINDA: Karen. Parece que van a intentar asesinar al Senador Montgomery.
RACHEL: ¿Elevando el nivel de maldad? Eso no me gusta nada…
MELINDA: Bueno, ya estaremos ahí nosotros para patear su fofo trasero operado.
Melinda se dispuso a pasar del largo, pero Rachel le paró en seco.
RACHEL: ¿Mel?
MELINDA: (girándose) ¿Ocurre algo, Rach?
RACHEL: Quería darte las gracias por no decir nada de lo que viste cuando preguntaron por Bobbie esta mañana durante el desayuno.
MELINDA: ¿Lo que vi?
RACHEL: Ya sé que no es para tanto, pero… no sé, no me sentía cómoda diciendo la verdad.
MELINDA: No entiendo, ¿a qué te refieres? No sé de lo que me hablas…
Rachel, sin siquiera dar explicaciones o mirar a Melinda a la cara, se acercó hasta la puerta del ático. Melinda la siguió extrañada, por si acaso le ocurría algo, pero entonces se fijó que hablaba con alguien en un tono algo elevado.
RACHEL: ¡No, eres tú quien no lo entiende! ¡Es peligroso!
Melinda se acercó un poco más y centró su atención a media altura de la escalera del ático.
MELINDA: ¿Bobbie? ¿Pero no se había quedado en su casa por un par de días? (susurró confusa)
BOBBIE: He visto lo que le hizo a toda esa gente, y yo fui tan tonta de ayudarla sin cuestionarme. ¡Y lo que me hizo a mí! ¿Cómo puedes pretender que me quede quieta ante todo eso?
RACHEL: Bobbie, la magia es peligrosa. ¡Ella es muy peligrosa!
BOBBIE: ¡Lo sé! ¡Por eso estoy dispuesta a hacer lo que sea por conseguir detenerla de una vez por todas!
RACHEL: Pero yo no quiero…
BOBBIE: ¿No quieres que ayude? ¿Tan inútil me ves? ¿Tan débil?
RACHEL: ¡NO! Es sólo… he visto lo que la magia puede hacer. Lo que le hizo a mi hermana. ¡No quiero que te ocurra nada malo!
BOBBIE: ¿Pero a ti sí está bien que te ocurra? ¿Tú si puedes ponerte en peligro?
RACHEL: ¡No es eso! Yo… sólo quiero protegerte.
BOBBIE: Pero yo no soy ninguna niña desvalida que necesita ser rescatada hasta de su sombra. Y me ofende que me veas así. Quiero ser útil, pero siento que tú sólo quieres mantenerme encerrada como un pez de colores en un acuario…
Melinda se sentía incómoda, así que se dispuso a alejarse sigilosamente, pero la madera crujió demasiado fuerte, haciendo que Rachel y Bobbie se fijasen en su presencia.
MELINDA: Oh, yo… Lo siento, no pretendía espiaros.
RACHEL: (desde detrás de Melinda) Gracias por no decir nada.
Melinda se giró sorprendida, y entonces se dio cuenta de que Rachel se encontraba en el mismo sitio en que estaba antes de que comenzase aquella discusión.
MELINDA: Yo… lo acabo de ver, pero no pasó ahora… (dijo confusa)
RACHEL: Tu percepción de la realidad falla. Aun no eres consciente de lo que sucede…
MELINDA: Sí, claro… (repuso en tono irónico) Por eso Bobbie quería estar sola en casa…
RACHEL: Sí. Era la primera pelea seria que hemos tenido, y se dijeron cosas que querría olvidar…
MELINDA: (acariciándole la mejilla) Tranquila Rachel, seguro que lo arreglareis todo muy pronto. No conozco a una pareja más perfecta que Bobbie y tú.
RACHEL: Gracias Mel. Lo digo de veras (respondió sonriente)
Melinda se dispuso a bajar las escaleras algo desconcertada. Sentía un extraño escalofrío recorriendo por las piernas, como cuando el viento agitaba su falda en un día de invierno, a pesar de llevar vaqueros. Llegó hasta la cocina, y se sorprendió en encontrar a toda la familia reunida en la mesa frente al libro de las sombras y preparando armas y pociones.
CHRIS: ¡Oh, Melinda! ¿Ya estás lista?
MELINDA: ¿Cómo que si estoy lista?
PRUE: Phoebe y Chris nos han puesto al día, y ya casi estamos preparados.
MELINDA: Pero no entiendo… Acabo de venir ahora mismo de arriba.
WYATT: Yo creo que lo mejor es que nos dividamos por parejas, es lo más práctico por si nos atacan.
MELINDA: ¿Pero cuándo ha vuelto Chris?
PHOEBE: Yo he encontrado esto en el libro, se llama cristal telepático. Creo que puede ser útil para mantener el contacto durante la operación, si emplean inhibidores de comunicaciones como los que vi en el futuro.
PATRICIA: ¡Genial! Aunque creo que es demasiado pequeño como para que cada uno pueda tener una esquirla…
MELINDA: ¿Cómo habéis llegado tan rápido?
PHOEBE: ¡Trabajo con lo que puedo! (repuso ofendida) Creo que podremos sacar cuatro esquirlas, cinco quizá. Con una por pareja deberá ser suficiente.
 
PRUE: Siendo tan pequeño, su efectividad estará limitada. Aunque supongo que deberemos conformarnos con lo que tenemos. Por cierto, ¡estos planos del edificio del Senado de Illinois son increíblemente detallados!
MELINDA: ¿Cómo es que no me habéis avisado?
PHOEBE: ¡Gracias! Pero todo el mérito es del hackeo de Rachel. Yo sólo husmeé en el registro una vez que ella me abrió las puertas…
PRUE: Felicidades a ambas, es un trabajo excelente.
MELINDA: Algo está pasando aquí…
RACHEL: ¡Oh, gracias! Pero hasta un simio podría haber desconfigurado fácilmente los protocolos de seguridad de un sistema clyxo tan obsoleto con un código thianne…
HENRY: (confuso) Oigo palabras saliendo de su boca y todas me suenan a vietnamita…
MELINDA: ¿Por qué actúan como si no pudieran oírme?
PATRICIA: Ay bobo, ya podrías parecerte un poco más a tu hermana… (dijo entre risas)
MELINDA: ¡Ey! ¿Podéis oírme?
HENRY: ¡Oye! (dijo ofendido) ¿Y acaso tú has entendido lo que significa?
PATRICIA: Emm… ¿Y cómo nos dividiremos?
HENRY: Lo que yo decía…
MELINDA: ¿Qué pasa aquí?
WYATT: Yo iré con Alice, es mejor que yo la apoye con mis habilidades hasta que recupere un dominio absoluto de su poder.
ALICE: Por mí vale, a mí esto me aburre como un pimiento…
PRUE: Me parece buena idea, Wyatt. Rachel y Henry deberíais ir juntos también, creo que así sois más fuertes.
PHOEBE: Yo casi que mejor si no estoy con Chris. Esa última premonición que me dejó fue bastante desagradable...
CHRIS: Muchas gracias… (repuso ofendido en tono irónico)
MELINDA: ¡Basta! ¡Decidme ahora mismo qué demonios está pasando aquí!
Todos los presentes dejaron de repente sus quehaceres, y como si estuviesen en una especie de trance miraron a Melinda con los ojos muy abiertos.
PATRICIA: Racionalizas lo irracional…
HENRY: No eres consciente…
PRUE: No puedes ver una sombra mirando directamente a la luz…
WYATT: No quieres hacerlo…
PHOEBE: Una venda cubre tus ojos…
CHRIS: No hay orden en el caos…
ALICE: No puedes ver la escena completa desde el interior del cuadro…
RACHEL: Quieres creer la mentira…
TODOS: Tu percepción de la realidad falla. Aun no eres consciente de lo que sucede…
MELINDA: Yo… no lo entiendo. Está… algo está pasándome, algo malo… (dijo asustada)
Melinda se fijó en que poco a poco las cuencas oculares de su familia estaban desapareciendo, dejando su rostro liso desde la frente hasta las mejillas. Aterrada, comenzó a dar pasos hacia atrás de espaldas mientras todos se aproximaban a ella lentamente. Chocó entonces con la puerta principal, que por una extraña razón ahora estaba en la cocina, y entonces oyó como alguien llamaba a la puerta. Melinda, asustada por lo que pudiese encontrar al otro lado, agarró sin embargo el pomo y abrió lentamente. Al otro lado, Jared estaba sonriendo, sosteniendo a su hija Bianca en el pecho con una mochila portabebés.
JARED: Hola Mel, traigo a la peque como prometí. Un poco más y habría sido incapaz de arrancarla de los brazos de su abuelo. (dijo entre risas)
MELINDA: ¡Jared! (respondió aliviada) ¡Ayúdame, por favor! Algo extraño está pasando aquí…
JARED: (confuso) ¿Algo extraño?
MELINDA: ¡Sí! Mira, están todos como lo…
Melinda se giró para mostrarle la extraña conducta de su familia, pero cuando se giró pudo ver que habían vuelto a preparar pociones y a trazar estrategias.
JARED: ¿Pasa algo malo en la Maison Halliwell?
MELINDA: ¿Eh? Yo… No sé, creo que solo es que estoy un poco cansada. ¡Sí, debe ser eso! Tonterías… (se justificó sonriente)
JARED: Menos mal, ya me estaba preocupando…
Alice se acercó corriendo y le quitó de los brazos de Jared a su sobrinita, deseosa de juguetear con ella. Jared entonces aprovechó para rodear con su brazo el hombro de Melinda y se inclinó para darle un beso, pero ella se apartó con rapidez.
MELINDA: ¿Qué puñetas estás haciendo?
JARED: Oh, perdona. Pensé que después de nuestra cita del otro día las cosas eran… no sé.
MELINDA: (negando con la cabeza) Ahora mismo todo lo que pasó aquella noche está muy confuso en mi cabeza…
JARED: Lo sé, pero no por mucho tiempo. Aunque el concepto del tiempo es irrelevante ahora.
MELINDA: ¿Por qué?
WYATT: ¡Oh, Jared! Qué bien que hayas venido justo ahora. ¿Te apetece unirte a una cacería de patos?
JARED: Sólo si me aseguras que le daremos un buen puntapié a la reina de los patos.
WYATT: Puedes contar con ello, si es que la dichosa Karen tiene el gusto de presenciarse. Iremos en parejas, para abarcar más terreno.
JARED: Buena táctica. Yo iré con Mel, si a ella no le importa. Así podremos charlar un poco de paso.
MELINDA: ¿Eh? (balbuceó sorprendida al ver que mencionaban su nombre) Ah sí, claro…
JARED: Melinda.
MELINDA: ¿Sí?
JARED: Quiero que sepas que, a pesar de lo que suceda entre nosotros, siempre estaré a tu lado.
MELINDA: (confusa) Vale… ¿y por qué me dices esto ahora?
JARED: Hay cosas que van a suceder, cosas que pueden trastocar tu forma de ver el mundo… Solo quiero que sepas que nada de esto es culpa tuya, y que siempre estaré a tu lado cuando me necesites.
MELINDA: ¿Por qué me hablas de forma tan extraña? ¿Qué va a pasar?
JARED: (mirando desconcertado a su alrededor) No es ahora. Ha pasado ya… y pasará… y está pasando. No hay cohesión.
MELINDA: (asustada) Mi percepción de la realidad falla. Aun no soy consciente de lo que sucede…
Melinda se fijó en Jared. Él le devolvía la mirada con pánico, desplazándose hasta ella como a cámara lenta. Jared se lanzó sobre Melinda y la tiró al suelo, justo a tiempo de esquivar un disparo de arma láser.
MELINDA: ¿Qué ha pasado?
JARED: ¡Al final del pasillo, Mel!
Mel se incorporó un poco, y se fijó en que aquello no era la Mansión Halliwell, sino un largo pasillo de lo que parecía un edificio de oficinas. A lo lejos se aproximaba a la carrera un soldado de Red Swan, dispuesto a disparar de nuevo su arma, pero Melinda alzó los brazos más rápido y dirigió contra él una descarga de baja intensidad de su combustión molecular que le tiró por los aires, dejándole inconsciente.
JARED: No deberían haberte dejado venir al edificio del Senado en tu estado…
MELINDA: El edificio del Senado de Illinois… ¡Ah! (balbuceó al darse cuenta de dónde se encontraba) Es que… no lo sabe nadie. Bueno, sólo Phoebe.
JARED: (extrañado) Pero… ¿por qué lo ibas a guardar en secreto? Más con una vida como la nuestra…
MELINDA: ¡No lo sé! Por alguna razón sentía que debía mantenerlo oculto. No sé, no puedo explicarlo…
JARED: No es que fuese algo que se pudiera ocultar por mucho tiempo. Pero supongo que eso ahora ya no importa…
MELINDA: ¡Aagh, mierda! (gritó sorprendida al ver dos nuevos soldados)
Melinda volvió a alzar los brazos, y en esta ocasión paralizó a ambos con su inmovilización molecular.
MELINDA: Sería todo más fácil si no tuviera que reprimir mis poderes con ellos. (se quejó desganada)
JARED: Ya, pero a pesar de esos poderes adquiridos por el Proyecto Náyade, siguen siendo seres humanos.
MELINDA: Sí, supongo que no estaría del todo bien, al fin y al cabo. Además, a saber qué clase de drogas les habrán dado para manipular su conducta. Pobres…
PHOEBE: Mel, ¿puedes oírme?
Melinda sostuvo el trozo de cristal rojo que llevaba con un cordel anudado al cuello y respiró hondo.
MELINDA: Te oigo perfectamente, Phoebs. ¿Qué sucede?
PHOEBE: Hemos localizado a Benjamin cerca de la sala de conferencias de la segunda planta. Vosotros estáis cerca, ¿verdad?
MELINDA: ¿Benjamin?
JARED: Es el vicepresidente de Red Swan. ¿Qué dice Phoebs? ¿Qué pasa con él?
MELINDA: Estaba en la premonición de Phoebe. No sé por qué estará por aquí, pero siendo uno de los jefazos, no puede ser nada bueno.
Melinda se dispuso a correr para dirigirse a las escaleras, pero entonces recordó algo que le hizo parar en seco.
MELINDA: ¿Dónde está Bianca?
JARED: Está a salvo.
MELINDA: Ya, ¿pero dónde?
JARED: Mi padre vino a casa a buscarla. ¿No lo recuerdas?
MELINDA: Yo… no. ¡No! (respondió asustada) ¿Cómo he llegado hasta aquí?
JARED: Chris nos orbitó junto a Patricia, Phoebe y Prue. Patty estaba contando una anécdota sobre una enfermera que se cayó sobre el pudin de una ancianita, y nos reímos todos. ¿Te acuerdas?
MELINDA: (dubitativa) Me suena… La ancianita se rió tanto que se le cayó la dentadura postiza.
JARED: Sí, así es. (dijo sonriente)
MELINDA: Espera un momento… Recuerdo haberme reído, pero ahora no lo siento. ¡No siento haberme reído! 
PHOEBE: ¡Mel, corre! Necesitamos vuestra ayuda.
MELINDA: ¡¿Qué demonios pasa aquí?! Algo no está bien, yo no sé cómo he llegado hasta aquí, pero sé que algo me está pasando…
JARED: ¡Shhhh! Es peligroso… (le advirtió preocupado) Empiezas a ser consciente de que algo falla, consciente plenamente. Pero si tú lo sabes, entonces ellos lo sabrán…
Mel sintió un fuerte tirón del estómago que casi le hizo vomitar, y todo a su alrededor se retorció como si fuese tragado por un agujero negro hasta que finalmente se encontró a si misma en la sala de conferencias de la segunda planta. Benjamin sostenía por el cuello al senador, rodeado por tres soldados bien armados y el cadáver de los guardaespaldas del senador a sus pies. Phoebe y Prue se encontraban entre medias de ellos y Melinda y Jared, en posición de combate.
SEN. MONTGOMERY: ¡Soltadme ahora mismo, malditos terroristas! No sabéis con quién os estáis metiendo, soy un senador de los Estados Unidos.
BENJAMIN: Existe un plan que no puede cambiarse. No puede cambiarse, no puede cambiarse. Un plan que no puede cambiarse. No, no. No puede cambiarse, no. (repuso casi desvariando)
PHOEBE: ¡Soltadle ahora mismo o acabaremos con vosotros!
MELINDA: Yo no me he movido… ¿Cómo he llegado hasta aquí?
PRUE: ¡Bah, dejémonos de buenas maneras!
Prue alzó el brazo y lanzó por los aires con su telekinesis a dos de los soldados.
BENJAMIN: ¡Eso no es parte del plan! No, no, no. El plan, ¡no es parte del plan!
Benjamin alzó el brazo que tenía libre, y dirigió su gravitoquinesis sobre Prue, haciéndola caer de golpe contra el suelo y dejándola inmóvil y dolorida por el repentino aumento de la gravedad sobre su cuerpo.
PRUE: ¡Aaaaaaagh, no!
PHOEBE: ¡Prue!
Phoebe se dispuso a lanzar una descarga eléctrica contra el brazo de Benjamin, pero él extendió su otra mano sin soltar el cuello del senador y con su gravitoquinesis anuló la gravedad sobre el cuerpo de Phoebe, haciendo que flotara en el aire de forma caótica y evitando que acertase con su disparo.
PHOEBE: ¡Aaaaay! ¡No puedo controlar mi cuerpo! (se quejó mientras agitaba los brazos como si intentase bucear en el aire)
PRUE: ¡Melinda, acaba con él!
MELINDA: ¿Estoy realmente aquí? (dijo confusa, mirando sus manos)
JARED: ¡Mierda, no!
El soldado que quedaba de pie apuntó sobre Melinda con su ametralladora, pero entonces Jared se interpuso y recibió los disparos en el pecho y en la cara, cayendo moribundo al suelo. Mientras Phoebe, apoyando los pies sobre la pared, se propulsó por el aire hasta impactar contra el soldado.
MELINDA: ¡Jared!
Melinda se agachó, viendo cómo su todavía marido convulsionaba en sus últimos momentos de vida.
BENJAMIN: El plan. Es todo parte del plan. El plan, el plan…
Benjamin sacó un objeto punzante de su bolsillo y se lo clavó con fuerza en el cuello del senador, haciendo que gritase de dolor mientras la sangre brotaba incesante de su herida.
RACHEL: ¡No! (gritó furiosa mientras entraba corriendo)
Rachel lanzó con fuerza su onda expansiva orbitacional contra Benjamin, haciendo que él y el senador salieran disparados contra la pared. Phoebe cayó entonces al suelo, y Prue pudo finalmente levantarse de nuevo.
HENRY: ¡Ufff! Llegamos… casi casi. (dijo resoplando)
MELINDA: Racionalizo lo irracional… Mi percepción de la realidad falla… (susurró para sí)
Rachel se acercó corriendo hasta el senador y usó su poder de curación sobre él. En cuestión de segundos su cuello dejó de sangrar. Phoebe, mientras, se acercó al cuerpo de Benjamin y se dispuso a darle leves toques con el pie para asegurarse de que seguía inconsciente.
PHOEBE: ¿Y qué hacemos con este?
PRUE: Bueno, es uno de los fieles seguidores de Karen Andrews…
PHOEBE: Ah… ¿Le matamos? (preguntó burlona)
RACHEL: ¡No! Bobbie me contó que estaba siendo manipulado por Karen. Encontró evidencias en los archivos que sacamos de Red Swan de referencias a un prototipo de microbot médico que se estaba testando con enfermos de Alzheimer, aunque podía reprogramarse fácilmente para controlar la conducta de los sujetos de forma inconsciente.
HENRY: ¿Ah sí?
 *¡Bichito cerebral!* (dijo sonriente, extendiendo la mano)
RACHEL: ¡Por favor! Si alguien es capaz de poner barreras mágicas a la ciencia y viceversa, esa es Karen Andrews…
MELINDA: Siento como si no estuviese aquí, pero todo me es familiar…
 
PRUE: (dubitativa) Ehmm… ¿y si sobrecargamos su sistema operativo? Al fin y al cabo, no deja de ser un ordenador.
RACHEL: Puede ser… ¿Phoebe?
PHOEBE: Yo… yo no quiero matar a más gente. No, por favor…
RACHEL: Usaré mi poder de sanación al mismo tiempo para evitar que le hagas demasiado daño.
MELINDA: Esto… esto no es real…
Melinda sintió una intensa punzada en el vientre, y todos, al oír aquellas palabras, se giraron y se quedaron mirándola detenidamente. Pero ya no tenían ojos, eran como todos aquellos seres que no paraba de ver por todas partes. Incluso los guardaespaldas fallecidos, los soldados inconcientes, el senador y Benjamin se levantaron del suelo y dirigieron a Melinda su rostro carente de ojos. Sólo quedaba el cadáver de Jared a sus pies, su esposo. Pero de repente, su brazo izquierdo se movió con rapidez y le sujetó el tobillo.
JARED: ¡CORREEEEE! (gritó aterrado)
Melinda, asustada, vio como aquel grupo de gente sin la mitad de su rostro se acercaba lentamente hasta ella, poco a poco elevando el ritmo. Melinda caminó de espaldas hasta alcanzar la puerta, y al cruzarla se encontró en el despacho del Dr. Shapiro, donde Alice intentaba acostarse con el doctor sobre el escritorio. Sin embargo, ninguno de ellos tenía ojos tampoco, y al fijarse en que Melinda podía verlo, se levantaron de la mesa y se lanzaron corriendo hasta ella. Melinda los esquivó como pudo y abrió la ventana, saliendo con dificultad por el maletero de su coche.
 
Allí en la calle, todo el mundo se giró para observarla, una multitud inacabable de seres sin medio rostro, y se lanzaron corriendo a por ella. Melinda se dirigió hasta el garaje de su vecino en busca de un lugar para cobijarse, y se sorprendió al no encontrar su vieja ranchera, sino una gran cantidad de ropa que la rodeaba por todas partes como colgada del techo.
 
Melinda navegó entre todas aquellas perchas cubiertas de ropa hasta que consiguió alcanzar un picaporte. Lo giró, y al abrir la puerta se sorprendió al encontrarse con su habitación. Melinda hizo un esfuerzo por subir la cremallera de su vestido corto de satén rojo y se miró al espejo. La evidencia de su estado comenzaba a ser difícil de ocultar en su vientre, así que quería disfrutar una última vez de aquella prenda, al menos hasta dentro de un tiempo. Se puso de lado, admirando la curva que empezaba a nacer en su silueta, acariciándola sobre el suave satén, y sonrió. No podía entender cómo había podido dudar de sus sentimientos, de sus emociones. Podía sentir como ahí dentro crecía con fuerza una vida, una personita a la que aún no había podido conocer, pero que sin embargo ya amaba con todo su ser.
 
Parpadeó un segundo, y entonces le pareció como si el espejo temblara, como si fuera líquido. Extrañada, se acercó lentamente y tocó la superficie con un dedo. No percibía nada extraño en su superficie, pero al alejar la mano el espejo comenzó a estirarse, como si fuese de goma.
WYATT: (golpeando en el marco) ¿Ya estás lista?
MELINDA: Ugh… ¡Wyatt! (repuso sorprendida) ¿Has visto…?
WYATT: ¿Si he visto qué?
Melinda le señaló el espejo, pero cuando se dispuso a mirarlo estaba en perfectas condiciones, como si nada le hubiese sucedido. Melinda se quedó boquiabierta, sin saber qué contestar a continuación.
WYATT: No te preocupes, seguro que es sólo un poco de agotamiento por tanto desequilibrio hormonal. No te sobreexijas con el embarazo, recuerda que hay una personita creciendo en tu interior.
MELINDA: ¿Que hay qué? ¿Sabes lo del embarazo?
WYATT: Em… claro. (repuso extrañado) Nahia está embarazada, recuerda que fui yo quien te lo dijo.
MELINDA: ¿Pero cómo sabes que yo…? ¿Cómo sabes que estoy embarazada?
WYATT: ¡Fui yo quien te lo contó! Nahia está embarazada de La Fuente no nacida, ¿no te acuerdas? ¿Qué te pasa, Mel?
MELINDA: Uuuy… Esto es muy raro.
Melinda desvió la mirada un momento, contrariada. Con el rabillo del ojo pudo comprobar que el espejo volvía a vibrar como si fuese líquido.
WYATT: (golpeando en el marco) ¿Ya estás lista?
MELINDA: ¿Otra vez?
WYATT: Oh, perdona. No quería importunarte, es que no creo que debas hacerle esperar.
MELINDA: ¿Esperar? ¿A quién?
WYATT: A tu cita.
MELINDA: ¿Mi cita? ¿Tengo una cita?
Melinda miró extrañada a Wyatt, mientras este soplaba por una varilla, soltando pompas de jabón de varios colores. Agachó la mirada un segundo y se percató del vestido rojo que llevaba.
MELINDA: ¡Ah, la cita! ¿Sabes dónde están mis sandalias de tacón rojas?
WYATT: Las llevas puestas.
MELINDA: (confusa) No Wyatt, estoy descalza.
WYATT: Entonces no las necesitas.
Wyatt sopló de nuevo, soltando una ráfaga de pompas negras. Entonces se bebió el vasito de agua jabonosa y soltó un pequeño eructo, haciendo que de su boca saliesen pompas de jabón con luces blancas en su interior.
MELINDA: Bueno, si tú lo dices… Voy a terminar de maquillarme.
Melinda rodeó a su hermano y salió al pasillo. Al dirigirse hacia el baño, pudo ver a Alice colgando de la pared, ensartada mediante una barra que se clavaba en su frente y le atravesaba la cabeza, y comiéndose un cucurucho de helado de pistacho, sabor al que era alérgica.
MELINDA: ¡Alice! ¿Qué te ha pasado?
ALICE: ¡Hola Mel! Ahora soy un retrato postmodernista.
MELINDA: ¿Quién te ha hecho eso? ¿No te duele esa barra?
ALICE: ¿Qué barra?
MELINDA: ¡La que tienes clavada en la cabeza, joder!
ALICE: ¿Tengo una barra?
WYATT: Se la pusieron a los quince años. Creo que es una de esas modas raras…
Alice dirigió la mirada a Wyatt, lo poco que le permitía girar la cabeza aquella barra, y entonces comenzó a reírse de forma descontrolada. La sangre de su cabeza empezó a mezclarse con el helado, formando un extraño color.
????: ¡Mel! ¡Mel noooo! (gritó alguien muy a lo lejos)
MELINDA: ¿Habéis oído eso? Creo que alguien me llama…
WYN: ¡Melinda! ¡Melinda!
Melinda se giró, y vio como una extraña joven a la que no había visto nunca se acercaba corriendo hasta ella, gritando como si la conociese.
WYN: ¡No dejes que te engañe! No puedes cambiar lo que va a suceder… ¡porque simplemente ya lo has vivido!
Melinda se llevó las manos a la cabeza, confusa, y comenzó a negar con la cabeza descontroladamente. Entonces levantó la cabeza y miró a Wyn detenidamente.
MELINDA: Te… conozco. Esto… esto no es real.
Melinda sintió una intensa punzada en el vientre al decir aquellas palabras, y entonces Wyatt y Alice se quedaron mirándola fijamente, pero ya no tenían ojos. Era como si la mitad de su rostro hubiese desaparecido. Ambos se acercaron con rapidez y sujetaron a Wyn por los hombros, arrastrándola.
MELINDA: ¡Nooooo!
WYN: ¡Melinda! ¡Tienes que salir de aquí! ¡Tienes que liberarte!
Poco a poco comenzaron a llegar personas sin la mitad de su rostro, corriendo en busca de Melinda. Ella gritó aterrada, y se dirigió corriendo hasta la puerta del baño, la que tenía más cerca. Sin embargo, al encerrarse dentro, se fijó en que no era el baño de su casa, sino la recepción del restaurante donde había venido a cenar con Jared.
Melinda se adentró lentamente por el vacío restaurante, donde recordaba haber visto a multitud de gente sin ojos haciendo como si cenaran. Sin embargo, ahora no había nadie, a excepción de aquella figura disfrazada de parca que la esperaba sentado en aquella mesa algo elevada que había en el centro del salón. Melinda se acercó hasta ella, pero no se sentó esta vez.
MELINDA: Jared, estoy en peligro. Algo me persigue.
JARED: No quieres ver lo que hay delante de ti, pero ahora no puedes evitarlo. Sin embargo, aun no sabes lo que significa.
MELINDA: ¡Ayudame, Jared! Por favor, te necesito…
JARED: Yo estaré contigo siempre que me necesites, pero no puedo ayudarte con lo que te persigue. No es mi cometido hacerlo, sólo tú puedes.
MELINDA: Entonces, ¿qué estás haciendo aquí?
JARED: Estoy aquí para tener una cita contigo.
MELINDA: ¿Una cita? ¡No tengo tiempo para chorradas así!
JARED: No comprendes, nunca hay tiempo. Todo es frenético, lleno de caos y confusión. Y suceden cosas a nuestro alrededor que ocultamos, cosas que nos apartan de la gente y de nosotros mismos. Y si tan siquiera fuéramos conscientes de ello, sabríamos rectificar a tiempo nuestros propios errores.
MELINDA: ¿Qué errores? ¿A qué te refieres?
JARED: ¿De qué tienes miedo, Melinda?
MELINDA: (sorprendida) ¿Que de qué tengo miedo? ¡Pues de que esos psicópatas con la cara deforme revienten esa puerta y vengan a hacerme picadillo, para empezar!
JARED: No, Melinda. ¿De qué tienes realmente miedo?
MELINDA: ¡Ah! ¿Es otra vez esa chorrada del discursito sobre la confianza?
JARED: Hay algo que nos frena. Hay algo que te frena. Cuando te miro a los ojos no puedo pensar en otra cosa que en pasar el resto de mi vida junto a ti. Pienso en lo afortunado que sería si pudiese levantarme cada mañana viendo el hermoso rostro de la mujer a la que amo, y cómo lo daría todo por ser el hombre de sus sueños. Es algo que veo tan claro que casi me hace daño a los vista, pero sin embargo a ti hay algo que te frena. ¿Es que ya no me quieres?
MELINDA: (ofendida) ¿Cómo te atreves a decirme eso? ¡Te quiero tanto que me duele hasta respirar!
JARED: Entonces, ¿qué es lo que te frena?
Melinda comenzó a dar vueltas mientras farfullaba, seguida por la mirada inquisitiva de Jared.
JARED: ¿De qué tienes miedo?
MELINDA: ¡Yo te maté! (gritó incapaz de aguantarlo más)
JARED: Sí. Pero yo no puedo morir. No así, al menos.
MELINDA: (llorando) Lo sé, lo sé… ¡pero te maté! Eres el amor de mi vida, y yo te atravesé el corazón sin ningún miramiento. Sé que eso no puede matarte, ¡pero podría haberlo hecho! Podría de no haber sido capaz de hacer lo que puedes hacer. Y yo… yo estaría sola, ¡y habría matado a alguien que me quiere!
JARED: Estabas dominada por un hechizo muy poderoso, no fue culpa tuya.
MELINDA: Pero yo… Yo te quiero, debería haber sido capaz de hacer que eso contase para algo en vez de dejar que me dominase…
JARED: Me quieres. ¿No te das cuenta? Si hiciste lo que hiciste, es porque me quieres. El amor es un sentimiento muy poderoso. Yo lo sé perfectamente, y no dudo de ti. Me mataste porque me quieres. Y sin embargo, ahora estás dispuesta a tirar todo ese amor que sentimos el uno por el otro por miedo. Estamos alejándonos el uno del otro por el miedo, estás destruyendo lo que tanto nos costó conseguir. Vamos a separarnos el uno del otro y no volveremos a sentir nunca más toda la alegría, la ilusión, la felicidad… todo lo que compartíamos. ¿Es… es eso lo que quieres?
MELINDA: Jared, yo… ¿Qué está pasándome? ¿Por qué he dejado… que esto llegue tan lejos? ¡No quiero perderte! (dijo aterrada)
Jared se levantó y dejó caer la túnica al suelo. Negando con la cabeza, se acercó decidido a Melinda y la estrechó entre sus brazos, besándola apasionadamente.
De repente, las ventanas del restaurante estallaron por completo, y una horda de gente sin ojos comenzó a entrar con fiereza, dispuestos a atacarles.
MELINDA: ¡¿Quiénes son esos?!
JARED: Tú los trajiste, pero no lo sabes. Sólo tú puedes acabar con ellos.
MELINDA: Jared, ¡tengo miedo!
Jared, al ver a Melinda asustada, decidió tomar la iniciativa. Cogió la mano de Melinda y se dirigió corriendo hasta la puerta del restaurante, perseguidos por la multitud. Al salir por ella, se encontraron en la cocina de la Mansión Halliwell. El Wyatt extraño cogió la pila de cuchillos de la encimera y comenzó a lanzárselos violentamente, mientras el resto de la familia Halliwell en la mesa se levantaba con rapidez dispuestos a atraparlos. Con bastante dificultad, esquivaron todos los ataques y se dirigieron hasta la puerta que llevaba al sótano, pero al entrar vieron que se encontraban en el coche de Melinda. 
Sin pararse a pensar durante un segundo, Jared puso el motor en marcha y se dispusieron a huir por las calles de la ciudad, perseguidos por infinidad de coches. 
MELINDA: ¡Están por todos lados! ¿Qué podemos hacer?
JARED: Sólo tú puedes ponerle fin a todo esto. Yo sólo estoy dándote un poco más de tiempo.
MELINDA: ¿Yo? ¡No tengo ni idea de qué hacer!
JARED: Vamos Mel, sí que lo sabes. Hay algo que destaca más de lo habitual, algo que sabes que no debería estar y de lo que estas segura que no tenías constancia previamente.
MELINDA: La chica… ¡La chica del tarot! ¡Ella sabía algo, seguro! Ellos la apartaron de mí antes de que me dijese nada…
JARED: Sí, es posible.
MELINDA: ¿Pero seguirá viva después de enfrentarse a todos esos lunáticos?
JARED: No es a ella a la que buscan, sino a ti.
MELINDA: ¿Y cómo podré encontrarla?
JARED: Lo sabes, pero no entiendes su significado. 
Al girar en una esquina, vieron que una hilera de coches les bloqueaban el paso, así que dieron marcha atrás y se internaron por el callejón que atajaba hasta el P3, pero justo al salir a la calle en la que se encontraba el famoso club de Melinda un coche les embistió por el lado del conductor, dejando el coche dado la vuelta. Melinda se quitó el cinturón con cuidado, cayendo sobre los añicos del techo solar, y se acercó a un aturdido Jared que se encontraba atrapado en su asiento.
MELINDA: ¡Vamos, vamos! Tenemos que salir de aquí enseguida.
JARED: ¡Aagh! No me puedo mover…
MELINDA: Déjame ayudarte.
JARED: Olvídalo, yo no soy importante. Debes encontrar el camino, sólo tú puedes hacerlo.
MELINDA: ¡Ni hablar! ¡No pienso dejarte aquí!
Melinda apuntó con sus manos y lanzó su combustión molecular contra la abollada puerta que mantenía atrapadas las piernas de Jared, haciendo que este gritase lleno de dolor. Melinda entonces tiró de él con fuerza hasta arrastrarlo fuera del coche, y le ayudó con cuidado a levantarse.
JARED: ¡Aaaarg! Creo… que me he hecho daño en la pierna.
MELINDA: A ver… Tienes una herida realmente fea. Ven, apóyate en mí.
Jared cedió a regañadientes y pasó su brazo alrededor de Melinda, cargando parte de su peso en esta, y volvieron a correr lo más rápido que en dicha situación podían.
JARED: Esto… no debería ser así. Me enviaste para ayudarte, y me estoy convirtiendo en una molestia mayor…
MELINDA: ¡Jamás digas eso! Estamos juntos en esto, pase lo que pase.
Trastabillando, Melinda y Jared llegaron hasta la puerta del club, y ella le dejó apoyado contra la pared mientras agarraba el picaporte y lo intentaba girar sin éxito. Ella se puso a rebuscar las llaves en su bolsillo, y entonces comenzó a ponerse realmente nerviosa.
MELINDA: Mierda…
JARED: ¿Ocurre algo?
MELINDA: Las llaves. ¡Que me he dejado las malditas llaves en casa!
JARED: Eso no importa. Abre la puerta.
MELINDA: ¿Pero cómo puñetas voy a abrir la puerta? ¡Te digo que está cerrada a cal y canto!
JARED: Te habrás dado cuenta de que hay cosas aquí que fallan. La importancia de unas llaves es vacua.
MELINDA: Está bien, tú ganas… ¡Ábrete Sésamo!
Melinda agarró el picaporte de nuevo, y en esta ocasión se abrió limpiamente.
MELINDA: No sé de qué me sorprendo…
JARED: Tendrás tiempo para eso cuando encuentres la forma de detenerlos (dijo señalando a la multitud que llegaba corriendo)
MELINDA: ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué a mí?
JARED: Porque… eres tú. Sólo eres tú… aquí.
MELINDA: No, no puede ser… Dijiste que mi percepción de la realidad falla. ¡Ellos no pueden ser reales!
JARED: Sí… y no. Tienes que descubrir la verdad inherente.
MELINDA: ¿Qué verdad?
JARED: La que no quieres descubrir. La que no eres capaz de asumir.
MELINDA: Pero… tengo miedo.
JARED: Lo sé. Pero tienes que luchar. Tienes que ser libre.
Melinda observó aterrada a aquella multitud que tenía a unos cuantos metros de sí, y ahogó un grito. Pasó su brazo sobre los hombros de Jared y corrieron como pudieron a través de la puerta del P3, seguidos por toda esa gente. Al cruzar la puerta, se encontraron en los pasillos del edificio del Senado de Illinois. Ambos siguieron corriendo hasta llegar al ascensor, y cuando se abrieron las puertas pudieron ver la recepción de la consulta del Dr. Shapiro. 
Al llegar a la sala de espera, la recepcionista se levantó de su silla y se lanzó contra ellos a través del mostrador. Melinda y Jared se separaron rápidamente, dejando que la recepcionista se deslizara descontrolada entre medias de ambos, y entonces Melinda agarró el extintor de la pared y se lo estampó en la cara un par de veces.
MELINDA: ¿Qué? (dijo sorprendida al sentirse observada)
JARED: No. Nada, nada. (repuso sonriente)
Las puertas de cristal de la consulta reventaron de golpe, entrando en su interior decenas de personas sin la mitad del rostro. Melinda agarró con rapidez a Jared y abrió la puerta del despacho del Dr. Shapiro, y al cruzarla se encontró en el subsuelo de Red Swan, en una enorme sala con cientos de biocápsulas.
MELINDA: ¿Dónde estamos? No recuerdo haber estado aquí nunca…
JARED: No. Pero has oído hablar de este sitio muy bien.
Una de las biocápsulas se abrió, y de ella salió una mujer sin la mitad del rostro cubierta con una bata de hospital. Entonces, todas las biocapsulas se abrieron, y más gente comenzó a salir de ellas.
MELINDA: ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH! (gritó aterrada)
Melinda y Jared corrieron en dirección opuesta, hasta llegar a una puerta metálica con control electrónico de seguridad.
SRD-WEAN: Por favor, identifíquese.
MELINDA: ¡Que te den por el culo!
Melinda levantó los brazos y lanzó su combustión molecular a máxima potencia contra la puerta, reventándola y haciéndola caer al suelo. Tras ella, se encontraba el patio de la residencia de ancianos, donde había algunos hombres y mujeres jugando a la petanca o a las cartas, y un par de enfermeros atendiendo a los que iban en silla de ruedas, pero al percatarse de la presencia de Melinda dejaron sus cometidos y se lanzaron contra ella.
MELINDA: ¡Aaaagh! ¡Esto no se acabará nunca!
SRA. LEGENDRE: ¡Por aquí! (les señaló alzando los brazos)
Ambos esquivaron como pudieron el ataque de los sorprendentemente ágiles ancianos, hasta que llegaron junto a la señora Legendre. Ella les guió por un pasillo hasta que llegaron a la puerta de una escalera de servicio.
MELINDA: ¿Cómo es…? ¿Cómo es que no está con ellos?
SRA. LEGENDRE: Yo soy un recurso de última hora. Me enviaste cuando comprendiste que ibas a perder.
MELINDA: ¿Yo? ¿Qué tengo que ver yo con esto?
JARED: Tú lo eres todo, pero no lo recuerdas.
SRA. LEGENDRE: ¡Rápido, por aquí! Ella te está buscando, pero no sabe cómo encontrarte…
MELINDA: ¿Ella? ¿Se refiere a la chica del tarot? ¿Pero por qué es tan importante en todo esto?
JARED: Ella es la respuesta.
MELINDA: ¿La respuesta de qué? ¿A cómo solucionar todo este problema?
SRA. LEGENDRE: No, querida. Ella es la respuesta.
MELINDA: No lo entiendo…
JARED: No es tu misión entenderlo. Ella es la respuesta. Tú sólo debes dejar que las cosas sucedan como deben suceder.
MELINDA: ¿Y dónde puedo encontrarla?
SRA. LEGENDRE: Está perdida en la génesis. ¡Por aquí, rápido!
Melinda asintió, y entonces abrió la puerta. Al otro lado podía ver una tenebrosa caverna con las paredes alumbradas por antorchas.
MELINDA: ¿El Inframundo?
SRA. LEGENDRE: Por aquí la encontrarás.
Melinda agarró a Jared de nuevo y se internaron en el Inframundo. Tras caminar unas decenas de metros llegaron a una especie de plaza, donde se encontraba un grupo de soldados demonio, aunque estos también carecían de la mitad superior del rostro.
JARED: Están con ellos.
MELINDA: ¡Dejadme en paz! (gritó harta)
Melinda enfocó su combustión molecular contra el techo de la caverna, y entonces comenzaron a caer enormes cascotes que sepultaron a algunos de los soldados. Durante la confusión del momento, Jared agarró la mano de Melinda y se alejaron por otro pasillo hasta que llegaron a los pocos metros a la entrada de un tenebroso castillo negro.
MELINDA: La escuela de magia negra…
Melinda se acercó hasta la enorme puerta y la empujó con fuerza, pero en su interior estaba todo absolutamente oscuro.
MELINDA: ¿Qué? ¿Qué es esto? No puede ser por aquí…
JARED: Es el único camino que nos queda…
Melinda respiró hondo, y entonces asintió resignada. Agarró la mano de Jared y cruzó hasta la oscuridad, saliendo por el maletero de su coche aparcado junto a su casa. Sin embargo, allí no estaban solos. Cientos de personas carentes de ojos les esperaban a su alrededor.
MELINDA: Joder…
JARED: ¡La casa! (señaló apremiante)
Ambos corrieron por el camino de la entrada, seguidos por la violenta muchedumbre, y abrieron la puerta de la mansión. Una vez dentro, Jared cerró y se colocó sujetando la puerta, que no paraba de temblar por los intensos golpes que recibía.
WYN: Hola Melinda. (dijo sonriente)
Melinda se giró y se dio cuenta de que se encontraba en su habitación, llevando nuevamente el vestido de satén rojo. Aquella extraña chica del tarot se encontraba sentada en su cama, con aquellas tres cartas – La Luna invertida, El Carro invertido y La Torre – frente a sí.
MELINDA: ¿Te conozco?
WYN: Puedes llamarme Helig, pero ese nombre te diría tanto de mí como cualquier otro...
MELINDA: A mí no me van las adivinanzas. Quiero respuestas, ya.
WYN: Estás atrapada en un bucle, y cuantas más veces repites tus pasos, más atrapada quedas…
MELINDA: Un bucle, ¿eh? (repuso incrédula)
WYN: Hay algo dentro de ti viviendo un sueño que no quiere vivir. Una sombra de duda, de dolor. Una sensación que te dice que el mundo a tu alrededor va a cambiar para siempre. No puedes cambiar lo que va a suceder… porque simplemente ya lo has vivido. Es todo un guión que no quieres seguir.
MELINDA: ¿Esto… esto es todo un sueño?
WYN: Sí. Un sueño donde esconder algo que no quieres admitir, donde huir del dolor. Sin embargo, tu consuelo es tu condena. Cuanto más permanezcas en este estado onírico, más posibilidades hay de que no vuelvas nunca.
MELINDA: ¿Y la gente sin rostro? ¿Por qué intentan atacarme?
WYN: No te están atacando, te están protegiendo. Son parte de tu inconsciente, esa parte que quiere protegerte del dolor y del sufrimiento. Sin embargo, no se dan cuenta de que te están haciendo daño al querer mantenerte en este bucle sin fin.
MELINDA: Estoy repitiendo continuamente los mismos hechos, los mismos sucesos… Y luego vuelvo a empezar y no me doy cuenta. (dijo confusa)
WYN: Estás reviviendo los hechos que desembocaron en la verdad que no quieres conocer. Algo que tu miedo no quiere afrontar.
MELINDA: ¿Y qué puedo hacer?
WYN: Debes dejar que tu miedo no te domine. Hay cosas a tu alrededor que no puedes controlar, pero no por ello son culpa tuya… (respondió señalando el armario)
Melinda miró el armario, confusa, y luego volvió a mirar a Wyn. Ella asintió solemne. Melinda miró a Jared, que sujetaba la puerta con todas sus fuerzas, pero éste negó con la cabeza.
JARED: Es tu camino. Yo no puedo acompañarte en él.
MELINDA: ¿Te veré en el otro lado?
JARED: Siempre, mientras eso sea lo que desees…
Melinda sonrió, y Jared le hizo una señal con la cabeza para que siguiese adelante. Abrió la puerta del armario y se internó entre la multitud de jersey y abrigos que había dentro.
WYN: Me alegro de que finalmente decidieses luchar por tu vida. Por tu familia.
Jared se separó de la puerta y se quedó mirándola, confuso. La puerta había dejado de vibrar y de recibir golpes.
JARED: ¿Nos conocemos?
WYN: No, tú no. No eres tú, sólo eres una sombra. Una proyección del concepto que Melinda tiene de Jared.
JARED: Lo sé, pero mi amor por ella no es menos real. El de Jared, quiero decir. Puedo sentirlo…
WYN: Y eso está bien. Merece ser feliz. Todos ellos lo merecen. Al menos hasta que se desate la tormenta…
JARED: ¿Qué tormenta?
WYN: Es mejor así, es lo único que debéis saber.
Wyn miró sonriente hacia el techo, y entonces su cuerpo se desintegró en miles de destellos dorados.

Melinda se deslizaba con dificultad por aquella selva de ropa colgada en su percha, como si aquel armario no tuviese fin. Finalmente, pudo divisar luz atravesando una fila de vestidos, y al apartarlos a un lado pudo ver adonde le conducían: la sala de conferencias del segundo piso del edificio del Senado de Illinois. Estaba prácticamente vacía, con la excepción junto a una hilera de asientos del cuerpo ensangrentado de Jared, temblando por los disparos de bala que había recibido en la cara y el pecho.
MELINDA: ¡Jared!
Melinda se agachó junto al cuerpo de su esposo, y al levantar la mirada vio que delante suya se encontraban los cuerpos inconscientes de los soldados y el senador, así como Prue, Henry, Rachel y Phoebe rodeando el cuerpo de Benjamin.
MELINDA: Mierda, otra vez aquí…
RACHEL: Usaré mi poder de sanación al mismo tiempo para evitar que le hagas demasiado daño.
PRUE: ¿Estás segura de que no le harás daño?
RACHEL: Esperemos que no, pero no es que se diga que el pobre tenga demasiadas alternativas…
PHOEBE: Está bien… ¡Pero si lo mato, es culpa tuya! Me niego a cargar con la culpa esta vez… (repuso desganada)
RACHEL: Me parece justo.
HENRY: ¿Y cómo sabremos si ha surtido efecto?
RACHEL: Imagino que una vez aniquilado el microbot, su campo protector quedará inutilizado.
HENRY: ¡Aaah! Y entonces podré extraerlo con mi telekinesis orbitacional, ¿verdad?
RACHEL: Bingo.
Phoebe colocó sus manos junto a las sienes de Benjamin, y Rachel situó las suyas justo encima. Empezó a administrar una fuerte descarga en su cerebro mientras Rachel lo sanaba al mismo tiempo, provocando que todo su cuerpo convulsionase. Sin embargo, Melinda sintió entonces el filo de una navaja rozando su cuello.
PHYLLIS: Las manos quietas primita, o te haré una nueva boca.
Phoebe y Rachel pararon de inmediato, y Henry y Prue se giraron aterrados.
PRUE: ¡Phyllis! ¡Por favor, no le hagas daño!
MELINDA: ¡Joder! ¡Que esta tía loca me quiere rajar el cuello!
PHYLLIS: ¡Oh, me lo has pedido por favor! Qué amable…
HENRY: ¿Qué es lo que quieres?
PHYLLIS: Veamos… Quería una madre que me protegiese y me leyese cuentos por las noches, pero supongo que eso no puedes dármelo. ¿Verdad, Prue?
PRUE: Phyllis, haremos lo que tú quieras, pero no le hagas daño a Mel, ¡te lo ruego!
PHYLLIS: ¿Es que quieres compensar al bebé que lleva dentro porque me abandonaste?
PRUE: ¡Phyllis! Yo no te… (intentó excusarse, pero se paró en seco al darse cuenta de lo que había dicho)
Todos se quedaron mirándose completamente asombrados, a excepción de Phoebe.
PHYLLIS: ¡Oh, vaya! ¡Pero si no lo sabían! ¿Quién iba a decir eso de ti, primita?
HENRY: Está mintiendo. ¡Sucia embustera! ¿Crees que así te tendremos lástima?
PHOEBE: No. No miente…
RACHEL: Dios santo Mel, ¿estás embarazada?
MELINDA: Yo… (balbuceó avergonzada)
PHYLLIS: A pesar de todo lo que creáis de mí, yo siempre he sido totalmente honesta. Eso no es algo que se pueda afirmar de todos vosotros. Especialmente de ti, madre…
PRUE: ¡Basta! (gritó harta) Dinos de una vez que es lo que quieres.
PHYLLIS: Es fácil. Sé que antes os dejaríais rociar por ácido sulfúrico que entregarme al senador, pero me conformo con que me dejéis llevarme al vice.
RACHEL: ¿A Benjamin? ¿Para qué lo quieres?
PHYLLIS: Digamos que Karen tiene… intereses privados con él.
RACHEL: ¡No! ¡No podemos entregárselo!
PRUE: Que se lo lleve. (dijo tajante)
RACHEL: Prue, ¡no! No podemos hacer eso.
MELINDA: ¿Te has vuelto loca? No quiero morir, pero tampoco hay que pasarse…
PRUE: Que se lo lleve. Si con eso conseguimos que deje libre a Mel…
PHYLLIS: ¿Veis? Mami me comprende bien…
PRUE: Dios santo Phyllis… ¿Por qué dejas que te hagan esto? (preguntó entristecida)
PHYLLIS: Yo sólo… he encontrado mi lugar en este mundo.
Phyllis chasqueó los dedos de la mano que tenía libre, y entonces el cuerpo de Benjamin desapareció y se telematerializó junto a ella, flotando en el aire.
PRUE: Ahora libera a Mel.
PHYLLIS: ¡Chhh, chhh! (dijo negando con la cabeza) No tan deprisa, todo a su debido tiempo. Melinda estará sana y salva con vosotros en menos de lo que canta un gallo, pero se quedará de momento conmigo como salvoconducto. Y si a alguno de vosotros… no sé, se le ocurre por ejemplo hacerse el héroe y tratar de detenerme antes de que salga de aquí, digamos que me haré un ceviche con su preciosa cara. ¿Capisci?
PHOEBE: Cristalino, putilla. (respondio asqueada)
JARED: ¡Aaaaaaaaagh! (gritó de dolor por su resurrección) ¡Melinda, Melinda!
PHYLLIS: ¡Oh, pobre! Romeo ha vuelto por fin de entre los muertos. ¡Se un niño bueno y mantente callado mientras los adultos hablan!
Phyllis extendió la pierna y le atizó una fuerte patada en la cara a Jared, rompiéndole la nariz. Éste se retorció por el suelo de dolor, tapándose la cara con las manos.
JARED: ¡Aaaaaaagh! ¡Joder!
MELINDA: ¡Zorra! Te juro que esta me las vas a pagar, pedazo de guarra…
PHYLLIS: Y sin embargo, soy yo la que tiene tu vida en mis manos. Así que ya sabéis, la palabra clave es ceviche.
Todos miraron resignados mientras Phyllis usaba su telekinesis para elevar su cuerpo y el de Melinda en el aire unos centímetros y salir ambas de la sala de conferencias, seguidas por el cuerpo inconsciente de Benjamin. 
PHYLLIS: ¿Sabes primita? Estoy seguro de que con el tiempo vamos a llevarnos muy bien tú y yo…
MELINDA: ¡Que te jodan, puta! (gritó furiosa)
PHYLLIS: Recuerda que tengo un cuchillo, niña…
Ambas se deslizaron con rapidez por el pasillo hasta llegar a las escaleras, pero justo antes de disponerse a bajar algo impactó contra Phyllis, haciendo que las dos cayesen al suelo y que el cuchillo saliese volando por el pasillo. Jared entonces se subió sobre el cuerpo de Phyllis y comenzó a golpearle con el puño en la cara.
JARED: ¡Ni se te ocurra… volver a ponerle las manos encima… a mi esposa! (gritó iracundo mientras le golpeaba)
Jared se dispuso a darle otro puñetazo, pero entonces Phyllis le detuvo telekinéticamente.
PHYLLIS: Eso no ha estado nada bien, Romeo.
Phyllis agitó sus brazos, y entonces estampó telekinéticamente el cuerpo de Jared contra las paredes repetidamente. Cuando cayó al suelo, Phyllis le mantuvo inmóvil pisando su cuello.
PHYLLIS: Sé que esto no te matará realmente, pero al menos me divertiré un rato. ¿Unas últimas palabras?
JARED: Mel… ¡CORREEEEEEE!
Melinda se levantó al oir la voz de su marido y se dispuso a alejarse con rapidez de Phyllis, pero ésta, ofendida, se giró y la sujetó del brazo.
PHYLLIS: Ni se te ocurra, bonita.
MELINDA: ¡Que te follen!
Melinda lanzó su combustión molecular contra Phyllis, lanzándola por los aires. Sin embargo, la onda expansiva provocó que perdiera el equilibrio, y entonces Melinda cayó rodando por las escaleras hasta estrellarse contra la ventana del primer piso y caer por ella.
JARED: ¡Mel! ¡Mel noooo!

JARED: ¡Que alguien me ayude, por favor!



Alice se dispuso a meter una moneda en la máquina del pasillo. Sin embargo, el pastelito que había seleccionado se quedó atascado entre las ranuras. Estaba tan frustrada y furiosa que comenzó a darle golpes y patadas mientras maldecía sonoramente, pero entonces sintió la cálida mano de su hermana pequeña en el hombro.
PHOEBE: Toma. Patty me trajo dos, pero yo sólo quería uno.
ALICE: Gracias. (repuso sonriente mientras limpiaba sus lágrimas con una mano y cogía el pastelito con la otra)
PHOEBE: ¿Estás bien?
ALICE: Perfectamente, aunque un poco somnolienta.
PHOEBE: Yo no. Estuve ahí mismo, apenas a un par de metros de poder evitarlo, pero no pude hacer nada.
Alice miró a su hermana, y entonces estalló en carcajadas.
PHOEBE: ¿He dicho algo gracioso? (preguntó confusa)
Alice de nuevo a su hermana a los ojos, esperando una respuesta, y esta vez comenzó a llorar desconsoladamente. Phoebe se acercó y la estrechó entre sus brazos con fuerza.

Chris estaba sentado en las escaleras de emergencia. Miraba semiinconsciente el panel metálico de las paredes, cuando de repente se puso en pie y decidió golpearlo con su puño con todas sus fuerzas.
CHRIS: ¡AAAAAAAAAAGH! (gritó de dolor)
La puerta de servicio del piso superior se abrió, y entonces Henry y Patricia bajaron por las escaleras, al sentir los quejidos de Chris.
PATRICIA: ¿Chris? ¿Estás bien?
CHRIS: Perfectamente.
HENRY: ¿Pero qué dices, tío? ¡Mira tu mano! Seguro que te has debido de romper algún dedo…
CHRIS: No es nada, ya me lo curarán…
PATRICIA: ¿Al menos te ha servido para sentirte mejor golpear a la traicionera pared?
CHRIS: No lo entendéis, ¿verdad? ¡Es mi hermana! He estado todo este tiempo tan preocupado por alguien a quien no pude salvar, que cuando pude realmente hacer algo por alguien no estuve ahí…
PATRICIA: Chris, no es tu culpa. Nadie podía imaginar que esto pasaría…
Henry miró a su alrededor, asqueado.
HENRY: Dios, odio los hospitales…

En la sala de espera, Wyatt daba vueltas a su llavero mientras Rachel intentaba contactar con Bobbie, sin éxito. Al otro lado, Prue miraba a la nada, totalmente catatónica.
WYATT: ¿Por qué siempre acabamos aquí? (dijo conteniendo las lágrimas)
RACHEL: Bobbie no contesta. Me preguntó si habrá oído mis mensajes…
WYATT: Puse mis manos sobre ella… pero no funcionó. ¡Nunca me había fallado mi poder!
RACHEL: Lo sé Wyatt, yo también lo intenté sin éxito. Jared tampoco pudo hacer nada…
WYATT: Por un segundo creí que… ¡Joder Rachel, no puedo perder también a mi hermana!
Rachel abrazó a Wyatt, y éste comenzó a llorar sobre su hombro. Prue se llevó las manos a la cabeza y comenzó a negar, casi desquiciada.
PRUE: ¿Por qué has hecho esto, Phyllis? ¿Por qué? Creía… creía que estábamos avanzando…
Por el pasillo, Wyatt divisó al médico que había tratado a su hermana. Se levantó con rapidez y se interpuso en su camino.
WYATT: ¡Doctor, Doctor! Usted ha tratado a mi hermana, Melinda Halliwell.
DOCTOR: Disculpe, pero me están esperando. Ya hablé con su marido justo antes de que pasase a su habitación…
WYATT: Pero por favor, ¡necesito saber cómo se encuentra!
DOCTOR: Verá Señor Halliwell, su hermana sufrió un fuerte golpe en la cabeza que le causó una hemorragia cerebral. Hemos conseguido detener el sangrado, pero su estado es crítico. Lleva varias horas en coma, y si no consigue despertarse pronto…

En la habitación de Melinda, Jared esperaba a su lado, cogiéndole de la mano.
JARED: Venga Mel, no puedes hacerme esto. ¡No puedes dejarme ahora que iba a recuperarte!
Jared apoyó la cabeza sobre la mano de su esposa, llorando. Su mano entonces brilló levemente con un fulgor dorado, y Jared entonces pudo sentir como apretaban la suya.
JARED: ¿Mel? ¿Melinda?
MELINDA: Ja… red. He soñado… contigo. Estabas siempre a mi lado… (balbuceó desorientada)
JARED: Siempre estaré a tu lado, mientras eso sea lo que desees…

WYATT: Pero Doctor, digame: ¿se encuentra bien el bebé?
DOCTOR: Hubo ciertas complicaciones con su accidente. El bebé… me temo que… (miró con tristeza abajo, incapaz de continuar) Su hermana tuvo un desprendimiento de placenta y su útero comenzó a sangrar mucho. El cirujano no tuvo más remedio que practicarle una histerectomía de urgencia, lo siento…

JARED: Melinda, hay algo que debes saber. Ha pasado algo con el bebé…
MELINDA: Calla, por favor… (dijo llorando con fuerza, asintiendo con la cabeza)
Melinda intentó limpiarse las lágrimas, a pesar de ser incapaz de dejar de llorar. Jared agachó la cabeza y besó su mano.
MELINDA: Ya he decidido cómo se va a llamar el bebé.
JARED: ¿Y cómo va a ser? (preguntó, dejando escapar una lágrima)
MELINDA: Leo Bradford, como su abuelo.
JARED: ¿Cómo sabes que será un niño?
MELINDA: No lo sé. Es sólo… no sé.
JARED: ¿Y si es una niña?
MELINDA: Entonces seguiremos pensando, juntos.
Melinda sonrió, una sonrisa amarga, pues a pesar de que las palabras no habían sido dichas sabía que jamás vería a ese fruto de su vientre que tanto amaba.

En lo alto de la torre Red Swan, Karen Andrews observaba sonriente la puesta de sol gozando de una copa de brandy entre sus dedos. A pesar de encontrarse aparentemente sola, sabía que había alguien con ella entre las sombras, sin hacer apenas ruido. Una presencia que le reconfortaba tras un duro día de trabajo.
KAREN: Todos creerán que ha sido un ataque sistemático de tecnoterroristas, ¡pobres ilusos e ignorantes! (dijo llena de satisfacción) Recibimos las primeras señales del nervio ocular hace 17 minutos. El Senador Montgomery no lo sabe, pero mi arañita irá escarbando en su cerebro durante las próximas semanas hasta que nuestras ideas sean las suyas. Nos abrirá las puertas de la Casa Blanca tras las próximas elecciones de noviembre, y entonces por fin podremos cumplir plenamente con los objetivos de nuestra misión.
Karen no oyó ninguna respuesta, pero sí pudo distinguir el leve sonido de un sollozo.
KAREN: ¿Qué sucede, querida mía? ¿Qué te han hecho en la cara? (preguntó preocupada)
PHYLLIS: (llorando) Yo… Ha ocurrido algo malo.
La expresión de preocupación desapareció de pronto del rostro de Karen, para ser entonces sustituida por una de ira y odio absoluto.
KAREN: Es por lo que le ha sucedido a esa furcia Halliwell, ¿verdad?
PHYLLIS: Yo… Yo no quería hacerle eso. Sólo quería que se cumplieran nuestras metas tal y como habíamos planeado…
Karen se acercó lentamente, y puso sus manos sobre los hombros de una temblorosa Phyllis.
KAREN: Ellos no son conscientes del atroz mundo en el que vivimos, este mundo terriblemente ahogado por la opresión de una sucia magia. No, a ellos esta verdad les es absolutamente indiferente. Su única meta es perpetuar su poder a toda costa, incluso si eso significa aniquilar en el proceso a pobres defensores de este agónico mundo como tú y como yo. Ellos no dudarían en aplastarte como a un insecto si la ocasión lo requiere. Sí, tu propia familia…
PHYLLIS: (llorando) Lo sé, pero a pesar de todo… es mi sangre.
Karen se acercó un poco más y estrechó entre sus brazos a aquella bruja Halliwell llena de dudas y arrepentimiento.
KAREN: Mi niña… Lo comprendo perfectamente. A pesar de haberte repudiado en varias ocasiones, son tu familia biológica. Es una situación desconcertante para ti, y ojalá pudiera hacer que este dolor insoportable desapareciese. Sin embargo, vivimos en un mundo cruel, y desgraciadamente hay cosas que son infinitamente superiores a nosotros mismos. Estamos en medio de una terrible guerra, y desafortunadamente a veces nos vemos forzados a hacer sacrificios terribles. Pero es lo que nos ha tocado vivir, y es la hora de ir a por todas…
Nellie corría entre aquellos callejones abandonados, incapaz de pararse por el terror que cada una de las células de su cuerpo le transmitía. Había llegado la hora que tanto temía, algo contra lo que había luchado con todas sus fuerzas pero que, aun así, había sido completamente incapaz de evitar que ocurriese.
Empujó con fuerza aquella enorme y pesada puerta industrial y continuó corriendo por los pasillos de la vieja fábrica abandonada. Sin embargo, sus habilidades no le respondieron a tiempo y tropezó con una pila de cajas de madera, cayendo al suelo con fuerza. Sentía un intenso pitido en sus oídos derivado del golpe, y estaba segura de que el corte que notaba en su pierna sangraba bastante, pero no tenía tiempo. Quizá aquel último esfuerzo marcase la diferencia, o al menos eso pensaba.
Se levantó algo aturdida, y trastabilló todo lo rápido que pudo hasta alcanzar la puerta de aluminio algo atascada. Se lanzó una, dos y hasta tres veces contra ella, hasta que consiguió abrir una rendija lo suficientemente ancha como para poder pasar. El grupo allí reunido la observó atónito mientras no paraba de jadear.
MITCH: ¿Nellie? ¿Qué sucede?
ELEANOR: Ya… ¡Ya vienen! ¡YA VIENEN! (gritó asustada)
Nellie suspiró aliviada, y entonces se derrumbó sobre sus rodillas, agotada. Annika se levantó con rapidez para ayudarla, pero en ese preciso instante un intenso temblor sacudió el edificio.
GRACE: ¡¿Qué puñetas es eso?! ¡¿Un jodido terremoto?! (repuso asustada, agarrando con fuerza su bastón)
MITCH: (mirando a su alrededor) No. Es… es distinto. Siento algo en el paladar, una sensación alcalina. Algo terrible se aproxima…
ELEANOR: Ya… vienen. Ya… vienen. (susurraba con lágrimas en los ojos)
Nellie cayó al suelo y comenzó a convulsionar. Mitch se acercó corriendo para sujetarla, y cuando la tuvo entre sus brazos sus ojos se abrieron de pronto, pero ahora eran completamente blancos. Una especie de energía empujó a Mitch por los suelos mientras Nellie permanecía flotando en el aire con los brazos extendidos.
ELEANOR: Karen Andrews abre puertas que no conoce. Se aproxima el nocivo ocaso. El majestuoso plumaje del anatidae atrapa en vuelo a la diosa Diana. Poder. Adversidad. Consolidación. Roberta Weisz surca inconsciente el sendero de Atë. La primera sombra del tres que halla la luz. Represalia. La última pura ha comenzado su cometido. Un nuevo eslabón fracturado preludio del armónico 5-58. ¡¡¡Ya empieza!!! (gritó llena de terror) Bruma sombría, quietud infinita. Los va a matar a todos…
Nellie cayó de pronto al suelo, semiinconsciente. Mitch gateó lentamente, acercándose adonde yacía su cuerpo, y cuando rozó su mano el suelo volvió a temblar, esta vez mucho más violentamente, hasta comenzar a agrietarse y desgarrarse. Los cristales de las enormes ventanas se hicieron añicos en décimas de segundos, mientras cajas y escombros llovían por toda la sala. La gente comenzó a gritar aterrada, intentando esquivar los golpes.
MITCH: ¡Corred! ¡MARCHAOOOS!
A través de las ventanas se dispuso a entrar un equipo de asalto de Red Swan, dispuestos a atacar a las decenas de inocentes cobayas que escaparon del Proyecto Náyade.
ANNIKA: ¡Hijos de puta rodear a nosotros!
MITCH: ¡Hay que escapar como sea! ¡Marchaos todos! (gritó apremiante)
La gente corrió hasta la atascada puerta de aluminio, saliendo como podían mientras eran acribillados por disparos de bala y armas láser. Mitch cerró los ojos, y con su psicoquinesis orbitacional abrió un boquete en la pared, lanzando los trozos de ladrillo contra sus atacantes, que no todos pudieron esquivar. Annika desapareció en su sombra mediante su umbraquinesis, apareciendo detrás de uno de los que parecía el líder del comando, y le atravesó sonriente el corazón con su propia mano.
ANNIKA: ¡Muerte de perros de cisne! ¡Jajajaja!
A su lado, el suelo se abrió en un enorme agujero y entonces salió con rapidez el ser de la sudadera gris con capucha. Antes siquiera de poder reaccionar, aquel ser alzó su mano y lanzó un rayo luminoso sobre la incauta Annika, incinerándola en décimas de segundo.
????: Sin… supervivientes… (repuso apremiante el ser con su voz gutural)
Los miembros del comando asintieron, y entonces se dispusieron a perseguir con sus armas al resto del Grupo Artemisa, asesinando a sangre fría a todo aquel que encontraban en su camino.
MITCH: ¡No! ¡NOOOOOOOO!
El ser de la sudadera gris se lanzó, áthame en mano, sobre el cuerpo de Nellie. Mitch, antes de que pudiera hacerla daño, cerró los ojos y se concentró con todas sus fuerzas en orbitarla lo mas lejos posible con su psicoquinesis orbitacional, y a continuación hizo lo mismo con todos aquellos supervivientes a los que pudo sentir. Suspiró aliviado, pero entonces sintió una intensa punzada en el pecho, fruto de la bala que le había atravesado. Lo último que vería es la imagen de aquel ser, cuyo rostro apenas era posible ver bajo aquella enorme capucha.
MITCH: Tttú… ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!
Mitch cerró los ojos, y con sus últimas fuerzas concentró toda su energía psicoquinética en una intensa explosión orbitacional.
El cielo nocturno de Chicago se convirtió en día con las llamas de la gigantesca explosión que asoló la fábrica abandonada.
Escrito por Marlop88

2 comentarios:

  1. alguien me puede decir si subiran mas capitulos me gusta este blog y me gustaria saber

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    1. Por supuesto, esa es nuestra intención. En esta ocasión, el turno para escribir corre a cargo de Diccionary, aunque está teniendo algunos problemas para compaginar la escritura con algunos asuntos personales, así que no desesperes.

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